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Selección y reseña de libros

15 Feb

Recientemente un par de artículos pusieron en entredicho la calidad de la selección realizada por las famosas listas que reúnen “los mejores libros del año”. No sin razón, los autores de estos textos se preguntaban por los libros que leían los que recomendaban libros, por cómo se podía entender la presencia de los mismos autores, títulos y editoriales en distintas listas de diferentes medios de comunicación (y hasta en diversos idiomas), y el valor que podrían tener unas recomendaciones que, en el mejor de los casos, no parecen ir más allá del gusto del que las elabora y, en el peor, “tienden a actuar como simples amplificadores de las consignas del mercado, del gusto dominante, de las reputaciones ya consagradas, perpetuando la obviedad”.
Ahora bien, para ir un poco más allá en la reflexión acerca del sentido de las listas de los “mejores”, las recomendaciones y reseñas, cabría preguntarse si ese mecanismo, el de separar la paja del grano, no es, sencillamente, una estrategia del mercado que sirve sobre todo al mercado. Es decir, más allá de poner en práctica un criterio profesional, que no siga las modas, ni se alíe con los poderosos, ni pretenda imponer el gusto del mediador, una selección siempre deja fuera más libros de calidad de los que incluye y se encuentra influida por las dinámicas del mercado.

Sobre novedades y disponibilidad de los libros
Para que un título sea reseñado o figure en la lista de los mejores, uno de los elementos que se toma en cuenta es su año de publicación. Parece lógico que se reseñen las novedades y los libros publicados en el año en curso, pues esto sirve para orientar a los lectores ante una oferta enorme y contribuye con la venta de dichos títulos; la novedad es un valor en sí mismo. Sin embargo, esto tiende a excluir una cantidad de títulos que, por cuestiones de producción, son publicados en los últimos del año. Si un libro es publicado entre noviembre y diciembre de 2013, ¿tiene oportunidad de ser reseñado o formar parte de la lista de los mejores de ese año? De no ser así, tras la paralización que sobreviene al comienzo de todo nuevo año, ¿podría ser reseñado en 2014? Posiblemente, no. Así que la novedad que se publica hacia el final del año queda en un punto ciego sumándose a los libros que, publicados en años anteriores, dejaron de reseñarse por diferentes razones; no ser novedad es un defecto tremendo.
A propósito de esto, recuerdo que en 2012 le propuse a una revista online, que solicita reseñas de libros, reseñar Tierras de poniente, de J. M Coetzee, un libro que acababa de leer. Tomando en cuenta que se trataba de una reimpresión del 2010 no me pareció tan mala idea, pero a los de la revista sí, pues estaban interesados en un título de publicación más reciente. Libros que no recibieron mayor atención cuando eran novedad quedan condenados a no ser reseñados nunca más, ya que su momento ya pasó.     

Disponibilidad y acceso
Otro elemento que influye en la selección o recomendación de un título es su disponibilidad en el mercado. ¿Tiene sentido recomendar un libro que, no importa cuánto se busque, no se va a conseguir? Puede que se diga que la reseña impulsará la demanda y de este modo se hará evidente que el libro debe estar disponible. Pero para que esto funcione, la demanda tiene que ser realmente alta como para que un distribuidor o un librero se tomen el trabajo de poner a la venta un título que no habrían considerado ofrecer a su público. Por supuesto que esto hace que se tienda a privilegiar lo que se consigue sin que importe tanto su calidad, pero, después de todo, se trata de poder comprar el libro.
El acceso de los mediadores a los títulos que deberían conocer para, posteriormente, decidir qué reseñar o recomendar también configura la lista de los seleccionados. Si bien es cierto que los encargados de evaluar la oferta deberían estar dispuestos a adquirir todo lo que está disponible, también es cierto que esto puede llegar a ser imposible por razones financieras. De allí que la opción más utilizada sea la de reseñar aquellos libros que se reciben de parte de las editoriales. Es verdad, es una actitud cómoda, pero deja en mano de los editores la responsabilidad de que el libro llegue a manos del mediador.  

¿Quién lee la lista de los mejores?
Se parte del supuesto de que la orientación que ofrecen las listas de los mejores y las reseñas influyen en la venta y la lectura de los libros, pero alguien se ha preguntado quiénes y cuántos son los que realmente leen estas recomendaciones y se guían por ellas para adquirir libros.
En varias oportunidades se ha dicho que uno de los factores que más influye en la decisión de compra de un libro es la recomendación hecha por un amigo. Además, se toma en cuenta si se conoce al autor y el interés que se tiene por su obra, y, a pesar de la obviedad, la información que ofrece la contratapa del libro.
Entonces, ¿cabría pensar que en gran medida las listas de los mejores libros del año al igual que las reseñas no van dirigidas a otro público que no sean los mismos mediadores, los autores y los encargados de prensa de las editoriales?
Quizás las reseñas y las listas de los mejores solo sirvan para dar una apariencia de orden y concierto en medio de un exceso de información, y solo ayuden a propiciar un encuentro fortuito entre un libro y su lector.

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Tengo un sueño… una mirada positiva al futuro del libro infantil en América Latina

28 Ago

María Osorio Caminata
Babel Libros

Para dar una mirada positiva a nuestro futuro, para imaginarlo de manera diferente al que nos augura la situación actual, no veo otra alternativa que recurrir a los sueños, un sueño, porque, como dice Clarice Lispector: “Soñar despierto es la realidad”.
Me atrevo también a soñar, en estos momentos de celebración de bicentenarios, con un continente unido como lo soñó Bolívar. Un continente que para el tema que nos ocupa se ha convertido en una suma de fragmentos a pesar de tener en común una misma lengua.
Me he propuesto, entonces, imaginar un futuro posible y lo construyo a partir de mi experiencia en Colombia, en una pequeña editorial independiente, que es además distribuidora y librería; de mi cercanía al tema del libro infantil desde hace más de veinte años y de las charlas con mis colegas colombianos y de otros países, especialmente de México, Venezuela y Argentina.
Y voy a imaginar para ustedes ese futuro fantaseando con la transformación de tres aspectos fundamentales: la edición, la circulación del libro en la región y la construcción de alianzas.

Sobre la edición

  • Las editoriales producirán libros para niños bajo la presión de un público exigente que pedirá calidad y desatenderán las presiones del mercado.
  • Los catálogos “adelgazarán”, como les gusta decir a los comerciales, gracias a que solo se editarán libros poderosos que vale la pena mantener por generaciones en un fondo, de tal manera que la inversión que se haga en su promoción y en la creación de lectores permanezca y se trasmita de padres a hijos.
  • Las colecciones obedecerán a criterios que tienen que ver más con el gusto de los niños y su nivel de lectura que con exigencias externas y artificiales. Los colores serán una selección de los diseñadores y obedecerán a criterios estéticos y no contendrán mensajes subliminales sobre edad, sexo o contenidos de moda. No excluiremos del disfrute de los libros ilustrados a los adultos. No publicaremos libros que puedan ser desechados tras su “uso” en un calendario escolar.
  • La crítica, porque habrá crítica, será profesional, propenderá por la construcción de un cuerpo literario sólido. El crítico escogerá libremente qué leer, pues habrá canales de información sobre los libros que circulan en cada país, independientes, incluyentes y suficientes.

Sobre la circulación

  • Los libros para niños no dependerán del circuito escolar para sobrevivir. Estarán disponibles y serán asequibles en los espacios comerciales del libro: las librerías.
  • Los padres de familia comprarán los libros de sus hijos –con ellos– en las librerías.
  • Las librerías no solo tendrán espacios dedicados a los libros para niños, estos espacios estarán atendidos, como el resto de la librería, por libreros, por personas que conocen los libros que ofrecen, que ayudan al público a encontrar los libros adecuados a sus gustos.
    Encontraremos además libros diversos, libros escritos en el español que se habla en los diferentes países, libros que no nos parecerán ajenos porque habremos aprendido a enriquecer nuestro lenguaje con las particularidades del español que hablan y escriben nuestros vecinos.
  • Los maestros, reunidos en grupos de lectura, seleccionarán libre y adecuadamente los libros para sus clases entre un panorama amplio, puesto a su disposición en librerías y bibliotecas. Le apostarán también a los libros retadores, a los libros que no menosprecian la inteligencia del lector.
  • Los libros para niños estarán en los mismos circuitos de prensa que los libros para adultos, porque la franja que los separa no será tan visible, tan permanente.
  • Nuestros autores trascenderán las fronteras, sobre todos aquellos que tienen la suerte de ser publicados en empresas multinacionales.
  • Habrá libros para niños en las vitrinas y mesas de novedades de las librerías.
  • Habrá libros latinoamericanos en las librerías y bibliotecas españolas.

Sobre las alianzas

  • Los editores de libros para niños aprenderemos que el enemigo no es la competencia, que el enemigo es la desconfianza en el libro como medio y en los niños como lectores.
  • Los distribuidores y los libreros trabajarán en equipo para que la oferta que circule en cada país sea más diversa. Serán los aliados naturales de los editores e intermediaros calificados del mercado.
    Habrá en toda la región leyes del libro que favorezcan a todos los que componen la cadena, empezando por el autor y el ilustrador y sin olvidar, por supuesto, al lector.
  • Finalmente, todas estas alianzas crearán un gran tejido y abrirán nuevas oportunidades al libro para niños. Y para que esto suceda solo bastará con que los editores dejen de producir libros: para que sean incluidos en los planes estatales de lectura, para que sean adoptados por los maestros en las escuelas, para que aparezcan en las listas de recomendados.
    Los editores, entonces, publicarán libros de buena calidad para niños y jóvenes, pocos pero suficientes: para que los promotores ya no se dediquen a la producción indiscriminada de listas sino que enfilen sus esfuerzos a propiciar el encuentro entre los libros y los niños, para que los bibliotecarios dejen de leer reseñas y se dediquen a leer los libros que recomendarán a sus usuarios, para que los maestros dejen de leer guías de lectura y se dediquen a leer los libros que luego leerán con sus alumnos. Libros que los libreros no se nieguen a recibir en sus librerías, librerías a las que acudirán todos: los maestros, en vez de esperar a que los visiten algunos de los editores en la comodidad de la escuela, los bibliotecarios, en vez de revisar catálogos en físico y en línea, los promotores, en vez de esperar las muestras que tengan a bien entregar los editores, y los padres con los niños, en vez de llegar únicamente hasta el mostrador para pedir “lo que está en la lista” escolar.

Para terminar parecerá simplista lo que voy a afirmar, pero, como diría Freire, las grandes transformaciones están hechas de pequeños inéditos posibles –y de inéditos sabemos los editores–, así que me atrevo a decir que este es un sueño realizable, que está a nuestro alcance y que para lograrlo tenemos que empezar por contar con la voluntad de los involucrados. Para esta construcción, que no es más que un presente deseado, estamos aún a tiempo y tenemos todavía disponible una de las más sofisticadas tecnologías inventadas por la humanidad: el libro. Y deberíamos aprovecharlo ahora que podemos, antes de que llegue el futuro de verdad y nos agarre mal parados, con juguetes tecnológicos pero sin contenidos, pero sin lectores.

Este texto fue preparado para el Primer Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (Cilelij), organizado por la Fundación SM en Chile a inicios 2010. Su estructura responde a la exigencia de la organización de dar una mirada positiva de lo que podría ser el futuro de la literatura infantil en la región.

Vídeo 7 May

De paso por Caracas, la maestra y bibliotecóloga uruguaya Adriana Mora conversó con la editora Blanca Strepponi y con Sobre Edición acerca de la labor que realiza IBBY-Uruguay para promocionar el libro y la lectura entre los niños y los jóvenes. Mora destacó la importancia que tiene para el trabajo editorial la existencia de comités de profesionales que evalúen y recomienden los libros según su calidad.

«…porque es un trabajo, el del editor, que no debería ser solo, en soledad, sino acompañado y guiado por aquellas pautas que le digan: “bueno, mirá, este libro acaba de sacar un premio, acabamos de elegirlo, acabamos de salir el premiado, el mejor, seleccionado, el recomendado por varias razones: porque la ilustración es excepcional, porque el texto literario es artístico, es maravilloso, porque gusta a los niños”, y también es una ayuda al editor porque el editor avoca su proceso, digamos, de edición en algo que es un producto de calidad».

*Sobre Edición agredece la hospitalidad del Banco del Libro en cuyas instalaciones se desarrolló esta conversación.

(La falla en el audio es de origen)