Tengo un sueño… una mirada positiva al futuro del libro infantil en América Latina

28 Ago

María Osorio Caminata
Babel Libros

Para dar una mirada positiva a nuestro futuro, para imaginarlo de manera diferente al que nos augura la situación actual, no veo otra alternativa que recurrir a los sueños, un sueño, porque, como dice Clarice Lispector: “Soñar despierto es la realidad”.
Me atrevo también a soñar, en estos momentos de celebración de bicentenarios, con un continente unido como lo soñó Bolívar. Un continente que para el tema que nos ocupa se ha convertido en una suma de fragmentos a pesar de tener en común una misma lengua.
Me he propuesto, entonces, imaginar un futuro posible y lo construyo a partir de mi experiencia en Colombia, en una pequeña editorial independiente, que es además distribuidora y librería; de mi cercanía al tema del libro infantil desde hace más de veinte años y de las charlas con mis colegas colombianos y de otros países, especialmente de México, Venezuela y Argentina.
Y voy a imaginar para ustedes ese futuro fantaseando con la transformación de tres aspectos fundamentales: la edición, la circulación del libro en la región y la construcción de alianzas.

Sobre la edición

  • Las editoriales producirán libros para niños bajo la presión de un público exigente que pedirá calidad y desatenderán las presiones del mercado.
  • Los catálogos “adelgazarán”, como les gusta decir a los comerciales, gracias a que solo se editarán libros poderosos que vale la pena mantener por generaciones en un fondo, de tal manera que la inversión que se haga en su promoción y en la creación de lectores permanezca y se trasmita de padres a hijos.
  • Las colecciones obedecerán a criterios que tienen que ver más con el gusto de los niños y su nivel de lectura que con exigencias externas y artificiales. Los colores serán una selección de los diseñadores y obedecerán a criterios estéticos y no contendrán mensajes subliminales sobre edad, sexo o contenidos de moda. No excluiremos del disfrute de los libros ilustrados a los adultos. No publicaremos libros que puedan ser desechados tras su “uso” en un calendario escolar.
  • La crítica, porque habrá crítica, será profesional, propenderá por la construcción de un cuerpo literario sólido. El crítico escogerá libremente qué leer, pues habrá canales de información sobre los libros que circulan en cada país, independientes, incluyentes y suficientes.

Sobre la circulación

  • Los libros para niños no dependerán del circuito escolar para sobrevivir. Estarán disponibles y serán asequibles en los espacios comerciales del libro: las librerías.
  • Los padres de familia comprarán los libros de sus hijos –con ellos– en las librerías.
  • Las librerías no solo tendrán espacios dedicados a los libros para niños, estos espacios estarán atendidos, como el resto de la librería, por libreros, por personas que conocen los libros que ofrecen, que ayudan al público a encontrar los libros adecuados a sus gustos.
    Encontraremos además libros diversos, libros escritos en el español que se habla en los diferentes países, libros que no nos parecerán ajenos porque habremos aprendido a enriquecer nuestro lenguaje con las particularidades del español que hablan y escriben nuestros vecinos.
  • Los maestros, reunidos en grupos de lectura, seleccionarán libre y adecuadamente los libros para sus clases entre un panorama amplio, puesto a su disposición en librerías y bibliotecas. Le apostarán también a los libros retadores, a los libros que no menosprecian la inteligencia del lector.
  • Los libros para niños estarán en los mismos circuitos de prensa que los libros para adultos, porque la franja que los separa no será tan visible, tan permanente.
  • Nuestros autores trascenderán las fronteras, sobre todos aquellos que tienen la suerte de ser publicados en empresas multinacionales.
  • Habrá libros para niños en las vitrinas y mesas de novedades de las librerías.
  • Habrá libros latinoamericanos en las librerías y bibliotecas españolas.

Sobre las alianzas

  • Los editores de libros para niños aprenderemos que el enemigo no es la competencia, que el enemigo es la desconfianza en el libro como medio y en los niños como lectores.
  • Los distribuidores y los libreros trabajarán en equipo para que la oferta que circule en cada país sea más diversa. Serán los aliados naturales de los editores e intermediaros calificados del mercado.
    Habrá en toda la región leyes del libro que favorezcan a todos los que componen la cadena, empezando por el autor y el ilustrador y sin olvidar, por supuesto, al lector.
  • Finalmente, todas estas alianzas crearán un gran tejido y abrirán nuevas oportunidades al libro para niños. Y para que esto suceda solo bastará con que los editores dejen de producir libros: para que sean incluidos en los planes estatales de lectura, para que sean adoptados por los maestros en las escuelas, para que aparezcan en las listas de recomendados.
    Los editores, entonces, publicarán libros de buena calidad para niños y jóvenes, pocos pero suficientes: para que los promotores ya no se dediquen a la producción indiscriminada de listas sino que enfilen sus esfuerzos a propiciar el encuentro entre los libros y los niños, para que los bibliotecarios dejen de leer reseñas y se dediquen a leer los libros que recomendarán a sus usuarios, para que los maestros dejen de leer guías de lectura y se dediquen a leer los libros que luego leerán con sus alumnos. Libros que los libreros no se nieguen a recibir en sus librerías, librerías a las que acudirán todos: los maestros, en vez de esperar a que los visiten algunos de los editores en la comodidad de la escuela, los bibliotecarios, en vez de revisar catálogos en físico y en línea, los promotores, en vez de esperar las muestras que tengan a bien entregar los editores, y los padres con los niños, en vez de llegar únicamente hasta el mostrador para pedir “lo que está en la lista” escolar.

Para terminar parecerá simplista lo que voy a afirmar, pero, como diría Freire, las grandes transformaciones están hechas de pequeños inéditos posibles –y de inéditos sabemos los editores–, así que me atrevo a decir que este es un sueño realizable, que está a nuestro alcance y que para lograrlo tenemos que empezar por contar con la voluntad de los involucrados. Para esta construcción, que no es más que un presente deseado, estamos aún a tiempo y tenemos todavía disponible una de las más sofisticadas tecnologías inventadas por la humanidad: el libro. Y deberíamos aprovecharlo ahora que podemos, antes de que llegue el futuro de verdad y nos agarre mal parados, con juguetes tecnológicos pero sin contenidos, pero sin lectores.

Este texto fue preparado para el Primer Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (Cilelij), organizado por la Fundación SM en Chile a inicios 2010. Su estructura responde a la exigencia de la organización de dar una mirada positiva de lo que podría ser el futuro de la literatura infantil en la región.

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