Sarita Cartonera: Experiencia de un proyecto literario, comunitario y solidario

15 Nov

Sarita Cartonera, proyecto editorial del que les he venido a hablar, nació de las circunstancias: a un grupo de egresados de la carrera de Literatura de San Marcos les interesaba vincular su formación profesional con algún trabajo social, querían acercar la literatura a actividades de desarrollo, inclusivas, solidarias. De tal modo que, junto a las contribuciones literarias, se contribuya al beneficio económico de algún sector excluido de la población. Pronto descubrieron que en Buenos Aires había una editorial artesanal llamada Eloísa Cartonera, que reutilizaba cartón para hacer libros, lo cual reducía al mínimo la inversión inicial y las posibilidades de fracaso, a la vez que incluía a sus beneficiarios directos: los cartoneros, quienes además de vender el cartón a la editorial, hacían la manufactura de los libros. Así que decidieron, con la venia de los argentinos, seguir los pasos de Eloísa. Y como les pareció que en Lima no existían suficientes editoriales que se arriesgaran a publicar a nuevos escritores (que lo merecían) comenzaron a publicarlos en Sarita Cartonera, junto a escritores de otros países latinoamericanos.
Eloísa Cartonera, el proyecto inicial, había nacido un año antes, en el 2003, en Buenos Aires, como una respuesta lúdica a la crisis argentina del 2001, empleando uno de sus símbolos: los recicladores de cartón, que en ese entonces proliferaron por las calles de Buenos Aires. Wáshington Cucurto y Javier Barilaro, sus fundadores, decidieron llamar la atención de la población juntando textos urbanos, callejeros y ágiles, fotocopiándolos, encuadernándolos con cajas de cartón cortado y pintándolos a mano por recicladores de cartón.
Poco menos de un año después Sarita Cartonera comenzó a trabajar partiendo de sus pautas iniciales: textos fotocopiados (por exigencias legales en el Perú, se tuvo que reemplazar la fotocopia por la impresión casera), encuadernados con tapas hechas reutilizando cartón desechado y pintadas a mano por jóvenes de zonas marginales de la ciudad. Se quería vincular al proyecto con la estética popular peruana, así que fue bautizado Sarita, como Sarita Colonia, una santa popular peruana, no reconocida por la iglesia, pero que es patrona de presos y prostitutas en el país, y que se ha convertido, en los últimos años, en uno de los íconos más importantes de la cultura popular peruana.
En su primer año, Sarita Cartonera publicó una veintena de libros, consiguiéndose el apoyo de la Municipalidad de Lima y la empresa privada, lo cual coincidió con la aparición, en ese mismo año, de otras propuestas editoriales alternativas o independientes, como el Álbum del Universo Bakterial, Estruendomudo, Matalamanga, Solar, entre otras con las que, a fines del siguiente año se conformaría el grupo PUNCHE Editores Asociados, buscando dinamizar y desarrollar el sistema editorial peruano. Todo ello contribuyó a la consolidación de Sarita Cartonera y su sistema innovador de trabajo.
Dado que Sarita Cartonera no persigue fines lucrativos (a excepción de los cartoneros, todos los que conformamos Sarita Cartonera, somos voluntarios del proyecto), no tenemos que restringirnos a los intereses del mercado. Esto nos permite presentar una oferta editorial diversa y arriesgada, a la vez que nos otorga una mayor fidelidad por parte de los lectores, algunos de los cuales pasaron de compradores frecuentes a voluntarios del proyecto.
Un objetivo primordial de Sarita Cartonera es la difusión de literatura latinoamericana contemporánea en el Perú. No buscamos exportar nuestros libros, más bien, junto a nuestros pares de Eloísa y Yerba Mala Cartonera (que nació este año en La Paz), buscamos crear una red cartonera latinoamericana, que se ocupe de publicar y difundir la literatura de nuestros países que, muchas veces, permanece al interior de nuestras fronteras por las dificultades de circulación editorial. La expansión de la red cartonera debe permitir a la vez: la difusión latinoamericana de nuestra literatura, la integración de diversos actores en un proyecto cultural, y la solidaridad económica e inclusión cultural.
Al empezar no imaginamos los alcances del proyecto. Para comenzar, y sin saberlo, habíamos establecido una pequeña red editorial con Eloísa y Yerba Mala, a través de la cual hemos hecho algunas coediciones, además de haber ampliado nuestro espectro de autores. Además, el formato manufacturado, invitó a la participación de artistas plásticos, así como de pedagogos, quienes participan del trabajo con los cartoneros, a la vez que utilizan nuestro formato como estrategia metodológica para incentivar la lectura. Finalmente, el habernos planteado desde el principio el proyecto sin fines lucrativos, nos ha permitido tener en nuestro catálogo autores cuyos derechos de autor no podríamos pagar (los autores que publican en Sarita Cartonera nos ceden gratuitamente los derechos de publicación), además de exonerarnos de las exigencias del mercado.
En estos tres años han cambiado el contexto, las exigencias del medio y nuestros planes. Los adolescentes que trabajaban con nosotros se hicieron jóvenes, aparecieron en el Perú una serie de propuestas editoriales independientes que contribuyeron a dinamizar el mercado, así como el éxito internacional reciente de algunos escritores peruanos (Alonso Cueto ganó el año pasado el premio Herralde de novela, este año Santiago Roncagliolo ganó a su vez el premio Alfaguara, Mirko Lauer el Juan Rulfo y otros escritores como Blanca Varela o Carlos Germán Belli han obtenido recientemente importantes premios internacionales) ha avivado el consumo de libros de literatura en el medio.
Por otro lado, en Lima nuestro formato ha dejado de ser novedoso (lo cual nos obliga a reformularnos constantemente, para no fosilizarnos ni desaparecer), y nuestro tiempo se ha reducido considerablemente (variable con la que no contábamos cuando decidimos hacer de este un proyecto voluntario), por lo que hemos incluido a gente nueva que quiera continuar con el proyecto. Además, después de varios años de intentar impulsar mercados en el interior del país estamos comenzando a implementar sucursales (la primera está conformándose en Cusco), y a convertir nuestro espacio de taller en una especie de centro cultural cartonero, en el cual se expongan murales de graffiti (esto se verá el año próximo), además de exhibiciones de arte que junten lo popular con el reciclaje.
En conclusión, siendo Sarita y las demás editoriales cartoneras, un tipo de iniciativa editorial singular, que incluye un aspecto literario, plástico, comunitario y solidario, es una propuesta que se constituye para resistir a la homogenización cultural, situándose allí donde las grandes corporaciones no pueden: en el trabajo comunitario, que nos permite sobrevivir y crecer. En el año 2003 se fundó Eloísa Cartonera en Argentina, hoy también estamos nosotros en el Perú y Yerba Mala Cartonera en Bolivia. Además de existir en Chile y México el interés por fundar propuestas del mismo tipo. Creemos en la expansión de la red cartonera y en el futuro del trabajo solidario y comunitario. Creemos además, y sobre todo, en la difusión de la buena literatura.
Jaime Vargasluna
Sarita Cartonera
Editor
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