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Librerías, libros y discoverability

14 Feb

Las cuestiones planteadas en “¿Quién quiere un mundo sin librerías?” y en “Las librerías deben asociarse a bibliotecas y museos, y cerrar”, invitan, necesariamente, a preguntarse para qué sirven las librerías físicas (las de ladrillo y mortero, dirían en inglés) en la industria del libro y en la sociedad actual. Si no se puede responder con claridad y precisión a una pregunta tan simple, quedan dos posibilidades, que las librerías hayan dejado de cumplir el papel que alguna vez tuvieron o que estemos dejando de ver el que todavía cumplen.

Las librerías dejaron de ser lo que eran
Aunque no parece plausible que las librerías hayan perdido completamente su función dentro de la cadena de valor del libro, lo que sí es un hecho es que esta se transformó claramente; aunque esta transformación comenzó mucho antes de la llegada de Internet –a la que se le responsabiliza de lo bueno y de lo malo–.
Desde el momento en el que los libros comenzaron a ser vendidos y comprados en puntos de venta no convencionales, la posición de las librerías cambió, ya no contaban con la comercialización exclusiva del producto para el que habían sido creadas y, además, debían competir con canales de comercializan con una lógica distinta y, muchas veces, más potentes y ágiles, por lo menos en lo que a estrategias de mercadeo y promoción se refiere. Sin embargo, esto no impidió que estas se multiplicaran –modestamente– y mantuvieran el aura de espacio cultural al que, por ejemplo, una gran superficie –a veces ni una misma cadena de librerías– podría aspirar.
Posteriormente, las librerías tuvieron que enfrentar nuevos desafíos. Por una parte, las leyes que rigen el mercado contribuyeron a la aparición de los centros comerciales o shopping malls. De un momento a otro, esto sí que era difícil de prever, la gente empezó a frecuentar más espacios que concentraban el mayor número de tiendas posibles –y de opciones para gastar su dinero– y menos las calles, donde históricamente se ubicaban las librerías y otros comercios. Las que no pudieron trasladarse a los centros comerciales vieron cómo aumentó el valor del alquiler de sus locales, lo cual afectó su rentabilidad.
Como si lo anterior no hubiera sido suficiente para vulnerar la posición de las librerías, el desarrollo del comercio electrónico –en cierta forma un fenómeno similar al de los centros comerciales– originó otra migración de potenciales clientes desde las librerías hacia un nuevo espacio de compra. Las tiendas o librerías virtuales, con Amazon como abanderada, llegaron para ofrecer a sus clientes una oferta casi ilimitada, una velocidad de vértigo en la entrega del producto y precios más convenientes.
En resumen, a lo largo del tiempo las librerías perdieron su excepcionalidad y vieron reducida su competitividad, por lo que solo les quedó, aparte de mejorar su gestión del inventario y de la relación con los clientes, una cualidad que, hasta ahora, no posee ningún otro competidor y que podría ser la clave de su supervivencia en el presente y el futuro.

Lo compro en línea, si lo hojeo en la librería
El que las librerías hayan sido pensadas como lugares de exhibición y venta de libros puede que sea visto como un resabio del pasado, una época pretérita en la que todavía la gente se desplazaba a un lugar para adquirir un bien o un servicio; la lógica actual señala que los clientes no deben moverse de su casa. Pero si se toma en cuenta la preocupación que existe en torno a la discoverability de los libros en el mundo virtual, entonces puede que se entienda el papel que siguen cumpliendo las librerías físicas en la dinámica de compra y venta de los libros, tanto impresos como digitales.
Recientemente Laura Hazard Owen, de la página paidContent, afirmó que la probabilidad de que un libro sea encontrado por su potencial comprador en Internet es muy baja; no importa que los lectores visiten redes sociales como Pinterest o Goodreads, esto no los lleva a descubrir libros. Para que no haya duda, el ser un visitante asiduo de redes sociales, especialmente de aquellas que muestran información sobre libros –bien sea la tapa de estos o una reseña que los valore– no se traduce en un mayor conocimiento de autores y títulos nuevos.
Los datos en los que Owen basó esta aseveración provienen de un estudio realizado por Codex Group y cuyo contenido fue compartido por Peter Hildick-Smith, fundador y director ejecutivo de Codex, durante su intervención “The Challenges to Book Discovery” en la Digital Book World Conference realizada entre el 15 y el 17 de enero de 2013.
Según Hildick-Smith, quien habló del tema el año pasado en Frankfurt, el 61% de los libros que compran los clientes frecuentes –debe referirse a Estados Unidos– son adquiridos en línea, pero que solo 7% de estos clientes dice haber conocido o descubierto el libro en las redes sociales. Ya en Frankfurt había dicho que tomando en consideración que los lectores descubrían nuevos títulos y nuevos autores visitando las librerías físicas, en un mundo digital la discoverability era casi inexistente.

En búsqueda de la visibilidad perdida
A pesar de lo paradójico, aparentemente son pocos los que dudan que las librerías jueguen un papel primordial en la visibilidad de autores y títulos. Tanto es así que en el mercado editorial estadounidense la preocupación frente a la poca efectividad prescriptiva de las redes sociales y de las librerías digitales se ha tornado acuciante con la noticia de que Barnes & Noble, una de las mayores cadenas de librerías del país y propietaria del lector Nook, tiene problemas financieros. El cierre de algunas de sus tiendas o, peor aún, la desaparición de esta cadena supondría una merma a la ya reducida discoverability.
Este escenario ha llevado a que distintos expertos propongan posibles soluciones al problema de la disminución del número de librerías, algunas de las cuales –más o menos combinadas– pueden enumerarse de la siguiente manera:

  • Los editores deberían apoyar a las librerías. Entre las posibles estrategias de apoyo estaría la de ofrecer descuentos en el precio de los libros en días especiales, a la manera en la que lo hace Amazon.
  • Las librerías deberían fortalecer su rol de prescripción desarrollando una presencia sólida en Internet. Esto no pasa exclusivamente por tener una página en la que se puedan ubicar –además de comprar– todos los títulos que se encuentran en venta  sino, sobre todo, producir contenido para contribuir a que los lectores descubran a nuevos autores y nuevas obras; un buen ejemplo de esto es la librería Eterna Cadencia. En este punto es interesante revisar la recomendación que hace Matthew Baldacci, vicepresidente y editor de la editorial Saint Martin. Para este editor es necesario contar con más críticos “poderosos” en línea, pero no que sean profesionales sino amateurs, como aquellos que se pueden conocer en una librería. ¿Pero Goodreads no está lleno de críticos no profesionales y aun así no alcanza un gran nivel de prescripción?
  • Trasladar las librerías adonde van los lectores: a las bibliotecas y museos. Esta estrategia apuntaría a aumentar el valor que tiene la librería como espacio que da visibilidad al libro y fomenta su descubrimiento.

Sin importar lo que pase con Barnes & Noble o las medidas que se adopten, sin librerías los lectores no saben qué buscar en línea, pues, como dijera Martha Nussbaum acerca del leer la prensa en línea, “Internet… solo te da aquello que buscas, y puede que no sea lo quieres saber”.

Post Scriptum: después de terminar de escribir este texto, he leído Is “Discoverability” Even A Problem?, donde Brett Sandusky, reflexionando acerca de si la discoverability es un problema para los editores o no, parece ofrecer argumentos a favor de que las librerías tienen un rol que cumplir y que difícilmente pueda ser asumido por algún otro agente: “Nothing will ever replace building authentic, two-way relationships with customers and readers. The nature of how consumers make purchase decisions has made this an essential component to the transaction. No algorithm can replace that relationship. And, it is too late to assume otherwise.”

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Las librerías como centro del mundo

25 Nov

Con la llegada de Amazon a España y a Chile (en unos dieciocho meses), la delicada situación de las librerías de mortero y ladrillo del mundo de habla hispana parece agravarse. Si a la crisis económica española y a la falta de suficientes lectores en ambos lados del océano, le sumamos la irrupción en el mercado de un competidor aparentemente indestructible, entonces lo que se avecina es una migración de los compradores de las tiendas físicas a la virtual. 
Sin embargo, no todos están convencidos de que el futuro es aciago y ofrecen visiones alternativas o menos catastróficas sobre las librerías y su porvenir. La librería como centro del mundo o por lo menos de la actividad cultural de la comunidad en que se encuentra es una de estas visiones. Como aconseja Juan Cruz, en su artículo “¿Qué será de las librerías?”, una librería puede ser vista como un centro de agitación cultural, “como otra forma de biblioteca”. Como oasis, como “un espacio ordenado y tranquilo que invita a la reflexión y al silencio”, que sirve de refugio para escapar de la infoxicación es como la ve Damià Gallardo, librero de la catalana Laie. Además, para este librero la estrategia no consiste en copiar a Amazon sino de echar mano del know-how que cada librería tiene para mantener a su público fiel, pasando, por supuesto, por el aprovechamiento al máximo de la tecnología para ofrecer un mejor y más dinámico servicio. 
Para tener una idea de lo que viene también podríamos pensar en los factores en los que repara Germán Echeverría cuando considera a lo que tendrá que enfrentarse Amazon en Latinoamérica: mercado menos maduro, menor poder de compra, libro digital con porcentaje muy bajos de participación de mercado, producto desconocido por la mayoría, menos títulos digitalizados, editoriales menos profesionales, precio altos de los dispositivos (en relación con los salarios) y población que no está  acostumbrada a pagar por contenidos digitales. A esta lista podría añadirse un bajo nivel de bancarización de la población adulta, pues el comercio electrónico depende de que el comprador sea cliente de un banco. 
Así que todavía quedan motivos para celebrar a las librerías y actuar a favor de su fortalecimiento y visibilidad. Hoy 25 de noviembre se estará celebrando el Día de las librerías en España mientras que mañana 26 se celebrará la ya clásica Noche de librerías en Buenos Aires. Gracias a diversas actividades las librerías ofrecerán a los lectores un poco de agitación a la vez que un merecido sosiego durante estos días.

Borders y las librerías del futuro

17 Sep
VÍA: Convalor.

Libros y tecnología, soñando con el futuro

13 Abr
Librería Quinto, 48A Charing Cross Road, Covent Garden, Londres.
Foto: pfig.


Algunas ideas de cambio
En los últimos días –realmente semanas, meses y años– los editores han estado preguntándose acerca de los nuevos avances en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC, y cómo estos pueden impactar, positiva y negativamente, la industria del libro. Muchos han insistido en la necesidad de aprovechar todas las facilidades que brinda la tecnología para mejorar, incluso revolucionar la industria, la cual corre el peligro de verse perjudicada de quedarse al margen de los cambios experimentados.
Así, algunos editores se han puesto a pensar en el diseño de nuevos modelos de negocio basado en el uso de las nuevas tecnologías llegando a resultados tales como la utilización de la impresión por demanda para no incurrir en costos de almacenaje y distribución, la oferta de un servicio de pago y descarga del contenido (total o parcial) de los libros vía Internet para ahorrar en impresión, almacenaje y distribución, y la edición y publicación digital de libros a cuenta del autor, para ahorrarse todo, hasta el riesgo de apostar por un texto o un autor desconocido.
Otros profesionales han propuesto un cambio de formato, que el libro impreso dé paso al libro digital. Esperan que el libro como objeto experimente un cambio radical no sólo en cuanto a su producción, sino también en cuanto a su recepción y utilización, y, especialmente, su comercialización. El libro dejaría de ser el lugar en el que forma y contenido son inseparables para pasar a ser sólo un medio, un soporte en estricto sentido, para acceder a diversos contenidos almacenados en distintos bancos o proveedores de contenido.
Y, finalmente, otros, que no son precisamente editores de libros, han sugerido que a lo que deben ayudar a cambiar las TIC es la esencia del negocio, la idea sobre la que ha estado cimentada la industria editorial durante toda su existencia, el derecho de autor, la facultad para reclamar la propiedad exclusiva sobre un contenido. Dicho de otro modo, lo que estas personas proponen es que ya no se venda lo que se ha vendido hasta ahora, el derecho a acceder a un contenido que tiene un dueño a cambio de dinero. Aunque no está muy claro qué se vendería, sugieren que sea algo así como un servicio de post venta: conversaciones con el autor, estudios o análisis de la obra, asesorías, videos, etcétera.

Alternativas para el cambio
Haciendo converger las distintas propuestas, quizás el cambio más importante de cara a los lectores no vaya ni por la sustitución del formato, ni por el abandono del copyright a favor del copyleft ni por la desaparición de los inventarios y la distribución, sino por la integración de todas estas ideas en nuevos servicios para los lectores.
Para lograr visualizar con mayor claridad lo que podría llegar a ocurrir en el mundo del libro cuando se incorporen del todo las TIC, se debe imaginar una escena en una librería en el futuro próximo. Esta escena mostraría a alguien que entra en una librería y se dirige hasta el estante en que están los libros que le interesan. Esta persona toma un libro, lee el texto de contraportada, examina el texto sobre la autora en la solapa derecha y duda sobre si comprar el libro o no. Le falta más información que la haga sentir segura de comprarlo.
En ese momento se fija en cómo otra persona se aproxima a una de las columnas del local, se coloca unos audífonos sobre las orejas, acerca el código de barra del libro a un lector y en la pantalla de éste se ve un video en el que alguien (el autor), con el mismo libro entre manos, comienza a hablar. Cinco minutos más tarde, la persona se quita los audífonos, presiona un botón en el teclado del lector y en la pantalla aparece un texto que habla sobre el mismo libro. Intrigada, la persona que ha estado observando decide llevar su libro ante otro lector. Coloca el código de barra cerca de éste y en la pantalla se despliega de inmediato un menú: comentario [video], reseña [texto], obras relacionadas [texto], enlaces [sitios electrónicos] y buscador [powered by google], en el que la persona selecciona la opción que le brindará la información que necesita para poder decidirse.
Se dice que todos los usuarios, lectores y ciudadanos del mundo sienten una gran ansiedad por la imposibilidad de acceder, procesar y seleccionar información valiosa en medio de la avalancha de data que se genera día a día. La posibilidad de que esta ansiedad sea mitigada o disminuida gracias a la reunión de distintas aplicaciones o funciones de las TIC puede llegar a ser el verdadero cambio en relación con el mundo del libro y la transmisión del conocimiento a través de los libros, aún impresos. El establecer mayores conexiones entre distintas fuentes de información de calidad no sólo ayudaría a la venta de libros, al facilitar el proceso de decisión de compra, sino que también potenciaría la valoración de los libros como bien cultural, como objetos que forman parte importante del tejido social.

Libros peligrosos

3 Abr


Lamentablemente hay quienes todavía creen que ciertos libros, por su autor, por su tema, por sus imágenes, etcétera, son peligrosos y, sobre todo, deben ser prohibidos. Recientemente en Granada, España, Librería Fahrenheit 451, que ofrece “libros prohibidos”, fue atacada por personas que creen que sus dueños son “nazis”, “asesinos” o “racistas” por vender, entre muchos otros libros, títulos sobre Hitler o el nazismo , como Las reliquias de Hitler que también se consigue en Casa del Libro.


Ante el nuevo ataque recibido por nuestra Librería, esta pasada noche, Librería FAHRENHEIT 451 quiere hacer público el siguiente comunicado.

Esta vez no se ha tratado de pintadas, esta vez han destrozado nuestro letrero de la fachada, han ido un poco más lejos, no sabemos si seguirán los ataques aumentando cualitativamente y cuantitativamente, pero lo que si sabemos es que seguiremos estando aquí, con nuestros clientes.
Desde sus cercanos comienzos, Librería FAHRENHEIT 451 pretende atender a una parte importante de lectores granadinos, esos lectores que ven grandes dificultades en encontrar ciertos libros, y ciertas editoriales, que, ya por su temática ya por su carácter de no novedad, no están disponibles en las librerías al uso de nuestros compañeros, y con esa pretensión, que pensamos hemos conseguido en este poco tiempo, es con la que todos los días abrimos nuestras puertas.

Pese a las informaciones aparecidas en algún medio de prensa, y en multitud de foros de internet, Librería FAHRENHEIT 451 ofrece libros de todas las tendencias políticas, sociales, religiosas y sexuales, sin importarle la procedencia ideológica de sus clientes, por lo cual esta librería no está vinculada a ningún tipo de movimiento ideológico ni de partido político.

Desde el primer momento, en Librería FAHRENHEIT 451 sabíamos que nos exponíamos a este tipo de ataques, pues sabemos de sobra que por nuestras calles deambulan aún muchos indeseables, deseosos de acabar con la libertad de expresión, pero esto no fue óbice para que abriéramos nuestras puertas ya que sabíamos de nuestra obligación para con nuestros lectores.

Por todo ello, Librería FAHRENHEIT 451 seguirá con sus puertas abiertas a todos aquellos lectores interesados en un tipo de literatura no habitual, aún a riesgo de estorbar a quienes no creen en la libertad, aún a riesgo de sufrir más ataques como el pasado. Este tipo de acciones no amedrenta a quien, como nosotros, cree en la libertad de expresión y en el derecho a ejercerla. Queremos que nuestros clientes, y la sociedad en general, sepan que estos salvajes no van a conseguir su propósito, seguiremos defendiendo la libertad de expresión, seguiremos vendiendo los libros que nuestros clientes nos demandan, seguiremos estando a su servicio y al de todos.

Granada, a 3 de abril de 2008

No hay ninguna forma de censura que deba ser aceptada.