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Libros y tecnología, soñando con el futuro

13 Abr
Librería Quinto, 48A Charing Cross Road, Covent Garden, Londres.
Foto: pfig.


Algunas ideas de cambio
En los últimos días –realmente semanas, meses y años– los editores han estado preguntándose acerca de los nuevos avances en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC, y cómo estos pueden impactar, positiva y negativamente, la industria del libro. Muchos han insistido en la necesidad de aprovechar todas las facilidades que brinda la tecnología para mejorar, incluso revolucionar la industria, la cual corre el peligro de verse perjudicada de quedarse al margen de los cambios experimentados.
Así, algunos editores se han puesto a pensar en el diseño de nuevos modelos de negocio basado en el uso de las nuevas tecnologías llegando a resultados tales como la utilización de la impresión por demanda para no incurrir en costos de almacenaje y distribución, la oferta de un servicio de pago y descarga del contenido (total o parcial) de los libros vía Internet para ahorrar en impresión, almacenaje y distribución, y la edición y publicación digital de libros a cuenta del autor, para ahorrarse todo, hasta el riesgo de apostar por un texto o un autor desconocido.
Otros profesionales han propuesto un cambio de formato, que el libro impreso dé paso al libro digital. Esperan que el libro como objeto experimente un cambio radical no sólo en cuanto a su producción, sino también en cuanto a su recepción y utilización, y, especialmente, su comercialización. El libro dejaría de ser el lugar en el que forma y contenido son inseparables para pasar a ser sólo un medio, un soporte en estricto sentido, para acceder a diversos contenidos almacenados en distintos bancos o proveedores de contenido.
Y, finalmente, otros, que no son precisamente editores de libros, han sugerido que a lo que deben ayudar a cambiar las TIC es la esencia del negocio, la idea sobre la que ha estado cimentada la industria editorial durante toda su existencia, el derecho de autor, la facultad para reclamar la propiedad exclusiva sobre un contenido. Dicho de otro modo, lo que estas personas proponen es que ya no se venda lo que se ha vendido hasta ahora, el derecho a acceder a un contenido que tiene un dueño a cambio de dinero. Aunque no está muy claro qué se vendería, sugieren que sea algo así como un servicio de post venta: conversaciones con el autor, estudios o análisis de la obra, asesorías, videos, etcétera.

Alternativas para el cambio
Haciendo converger las distintas propuestas, quizás el cambio más importante de cara a los lectores no vaya ni por la sustitución del formato, ni por el abandono del copyright a favor del copyleft ni por la desaparición de los inventarios y la distribución, sino por la integración de todas estas ideas en nuevos servicios para los lectores.
Para lograr visualizar con mayor claridad lo que podría llegar a ocurrir en el mundo del libro cuando se incorporen del todo las TIC, se debe imaginar una escena en una librería en el futuro próximo. Esta escena mostraría a alguien que entra en una librería y se dirige hasta el estante en que están los libros que le interesan. Esta persona toma un libro, lee el texto de contraportada, examina el texto sobre la autora en la solapa derecha y duda sobre si comprar el libro o no. Le falta más información que la haga sentir segura de comprarlo.
En ese momento se fija en cómo otra persona se aproxima a una de las columnas del local, se coloca unos audífonos sobre las orejas, acerca el código de barra del libro a un lector y en la pantalla de éste se ve un video en el que alguien (el autor), con el mismo libro entre manos, comienza a hablar. Cinco minutos más tarde, la persona se quita los audífonos, presiona un botón en el teclado del lector y en la pantalla aparece un texto que habla sobre el mismo libro. Intrigada, la persona que ha estado observando decide llevar su libro ante otro lector. Coloca el código de barra cerca de éste y en la pantalla se despliega de inmediato un menú: comentario [video], reseña [texto], obras relacionadas [texto], enlaces [sitios electrónicos] y buscador [powered by google], en el que la persona selecciona la opción que le brindará la información que necesita para poder decidirse.
Se dice que todos los usuarios, lectores y ciudadanos del mundo sienten una gran ansiedad por la imposibilidad de acceder, procesar y seleccionar información valiosa en medio de la avalancha de data que se genera día a día. La posibilidad de que esta ansiedad sea mitigada o disminuida gracias a la reunión de distintas aplicaciones o funciones de las TIC puede llegar a ser el verdadero cambio en relación con el mundo del libro y la transmisión del conocimiento a través de los libros, aún impresos. El establecer mayores conexiones entre distintas fuentes de información de calidad no sólo ayudaría a la venta de libros, al facilitar el proceso de decisión de compra, sino que también potenciaría la valoración de los libros como bien cultural, como objetos que forman parte importante del tejido social.

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Lugares comunes de la edición

6 Mar
Estatua de Flaubert en Trouville. Foto: Claudecf

Gustave Flaubert estuvo obsesionado con la estupidez a lo largo de su vida. Esto lo llevó a inventariar lo que él consideraba una de las manifestaciones clásicas de esta condición: los lugares comunes. Escuchados durantes las conversaciones con los burgueses de su época, Flaubert reunió los tópicos referidos frecuentemente y elaboró el Dictionnaire des Idées Reçues (Diccionario de Ideas Comunes o tópicos). Inconcluso, el diccionario pretendía recoger las ideas repetidas ad absurdum por los burgueses (franceses)
Pero sin necesidad de ser burgueses ni decimonónicos, los editores también tienden a emplear lugares comunes cuando hablan de la industria editorial y de su futuro.

No hay una buena red de librerías. En ninguna parte del mundo (Alemania no cuenta) parece haber suficientes librerías. Por lo menos no tantas como consideran los editores que debería haber para que se vendan los libros que han publicado y no se venden. Algunos, como André Schiffrin, han aventurado que una opción para que haya una buena red de librerías es que el Estado la constituya y la administre con criterios sin fines de lucro.

La distribución es insuficiente. No hay distribuidores (menos en Alemania) que cuenten con la infraestructura, la capacidad, la logística y las ganas de distribuir los libros a todos los rincones del país en donde se encuentran librerías y lectores ávidos de libros y lectura.

Los agentes de la industria del libro no llegan a un acuerdo. Libreros, editores, impresores, distribuidores no se ponen de acuerdo respecto al establecimiento del precio fijo, la organización de una feria, la promulgación de leyes y normativas que beneficien a la industria, o el apoyo a programas estatales relacionados con el fomento de la lectura y el apoyo a la industria.

Se debe promocionar la lectura. Si no hay lectores no importa qué tan bueno pueda ser un libro, pues no habrá a quien le interese leerlo. Ahora bien, a los editores no le corresponde diseñar ni desarrollar planes de promoción de la lectura. Lo que sí les toca hacer es editar libros de calidad que formen, informen y entretengan a los lectores que ya existen. ¿A quién le toca promocionar la lectura? Al Estado, a la sociedad, a la familia, quienes pueden solicitar el concurso de los editores como socios. El mercadeo o los planes de comunicación de una editorial no califican de plan de promoción de la lectura.

La gente no lee. Un editor publica un libro y no se vende. Lo cual lo hace pensar, inmediatamente, que hay pocos lectores. Sin embargo, cuando se publica un libro que se vende mucho, ello no significa que haya muchos lectores sino que los no lectores se han dignado por vez primera, probablemente, a leer. ¿Será que el libro en cuestión no era bueno o que no hay lectores para ciertos libros?

Las nuevas tecnologías ofrecen grandes oportunidades de negocio para la edición de libros. Esta idea es realmente tentadora pero para que se materialicen los beneficios del uso de las nuevas tecnologías por parte de los editores, éstos tienen que empezar por dar con un modelo de negocio que les permita ganar dinero, por ejemplo, colocando el contenido de sus libros en Internet. Habrá que esperar a que Bill Gates le dé por editar libros para que le revele para sus compañeros el negocio oculto detrás del uso las nuevas tecnologías.

La edición por demanda será una alternativa en poco tiempo para publicar los libros de escasa demanda. Es mucho el dinero que puede ahorrar el que apuesta por la publicación de un título por demanda (on demand), ya que este costo será cancelado por el lector que solicite la impresión del ejemplar. Pero ¿quién costeará el trabajo del autor, del editor, del corrector y del diseñador? ¿O es que lo que se pague por un libro impreso por demanda ser á suficiente para cancelar las regalías y los honorarios de los involucrados?

El fin de los libros se acerca. Puede que ocurra, pero mientras tanto hay que seguir trabajando para que los lectores no dejen de leer ante la ausencia de libros de calidad. Tal vez primero la humanidad acabe con todos los árboles, y ya no habrá papel, o desparezcan los editores, pues nadie querrá tener un trabajo tan poco glamoroso y preferirá perseguir la fama y la fortuna.

Una aguja en un pajar

5 Mar
Foto: Pete Gray
La compra de la editorial mexicana Diana por parte del Grupo Editorial Planeta a finales de 2006 fue una de las noticias más comentada en la edición de la FIL Guadalajara de ese año. Pero a pesar de que busqué información sobre este cambio en el panorama editorial mexicano no conseguí nada. No di con ninguna publicación electrónica, blog o sitio que hablara de ello. Ni en la página de Diana ni en la del Grupo Planeta pude encontrar información sobre lo que había sucedido. Esperaba conseguir algún comunicado que informara a los lectores, por ejemplo, de lo que había acontecido y de lo que cabía esperar, pero no encontré nada.
Si no fuera porque pude ver cómo el logo de Diana se encontraba en el stand de Planeta en Guadalajara y porque asistí al cóctel en el que los directivos de Planeta realizaron el anuncio, pensaría que todo fue producto de mi imaginación.
Sólo muchos meses después he encontrado un blog (Hormigas) en el que se habla sobre esta noticia, citando el trabajo que publicó El Universal, de México, el 24 de diciembre de 2006.
Supongo que la ausencia de información se debe, en parte, a que el Grupo Planeta no desea que los lectores, libreros y editores piensen que otra editorial de tradición ha mordido el polvo. No quiere que se crea que Diana, poco a poco, perderá su identidad y que, definitivamente, se extraviará entre la numerosísima oferta del Grupo Planeta.
Esta ausencia de información también se relaciona con un exceso de confianza del público. Muchas personas sueñan con el día en que toda la información y el conocimiento existente estarán al alcance de todos gracias a Internet, sin tomar en cuenta que el acceso a la información no es sólo un asunto de poseer medios (recursos para transmitirla y recuperarla), sino también un asunto de comunicar (hacer saber una cosa).

Granta y la vía Tetra Pack

2 Feb

Por Lourdes Gómez

Sigrid Rausing hizo su primera donación, a Oxfam, con 21 años. Heredera de una de las mayores fortunas mundiales, el consorcio sueco Tetra Pack, que patentó el clásico envase de cartón, reparte hoy más de 20 millones de euros anuales entre organizaciones de derechos humanos, derechos de la mujer, justicia social y económica. En otoño de 2005 adquirió la firma editorial Granta, apuntalando el futuro independiente de esta prestigiosa revista que fundaron estudiantes de la Universidad de Cambridge en 1889.
Granta definió mi visión de la vida. Leo la revista desde los años ochenta”, admite Sigrid Rausing, billonaria y filántropa sueca, de 44 años, y residente en Inglaterra. “Me interesó la vigorosa masculinidad del estilo editorial de su anterior director, Bill Buford, y la misteriosa sobriedad de su sucesor, Ian Jack. En tiempos de Buford, yo comenzaba a descubrir el feminismo, y el contraste intelectual entre ambas visiones me resultó fascinante”.
La oportunidad de controlar la legendaria firma surgió en 2005 a iniciativa del entonces propietario, Rea Hederman, editor de The New York Review of Books. Rausing y su marido, el productor de cine Eric Abraham, habían lanzado esa primavera Portobello Books y aceptaron la oferta de compra. “Granta corría peligro de desaparecer o de ser absorbida por un conglomerado. No se había invertido en la revista desde hacía tiempo y se temía por su futuro, aunque la gente no había perdido la ilusión”.
Granta está desde entonces en proceso de transformación. Y de inminente renovación con la salida, a finales de año, de Ian Jack. “Bill y Ian fueron tremendamente influyentes y dejaron su personalidad en la revista. Buscamos un nuevo director que también sea capaz de imponer su marca”, explica en Londres. Rausing apuesta por la mujer en sus proyectos filantrópicos y también prefiere que una mujer dirija por primera vez esta cantera de nuevas narrativas, reportajes, ensayos biográficos y fotografía. “No hay suficientes voces femeninas en Granta y, desde luego, se necesitan más. Siempre he pensado que ha llegado su hora”, dice.
“Por otro lado”, añade, “la apertura de la Unión Europa ofrece a Granta el más excitante camino hacia donde dirigirse. Ya se ha cubierto América y debemos abrirnos ahora hacia el Este, donde están surgiendo buenos jóvenes escritores”. El rumbo de la edición inglesa lo marcará el nuevo fichaje, pero su propietaria tiene ideas claras sobre la gestión de sus dos editoriales de libros y las sinergias que pueden lograrse. Por lo pronto, el equipo de Granta se mudará a la sede que comparten la fundación Sigrid Rausing Trust y Portobello Books en un edificio de Notting Hill Gate, donde transcurre la entrevista.
“Quiero recuperar la tradición narrativa porque Granta se mueve en ficción contemporánea, con voces nuevas y viejas. El objetivo es publicar unos 30 o 40 libros al año. Con Portobello queremos editar unos 20 al año: traducciones y ‘activismo no-ficción’, que, en realidad, es investigación documental. Ambas editoriales compartirán edificio, pero serán entidades independientes”, explica en la oficina de Portobello.
Hasta su entrada en el mundo editorial, Rausing invertía exclusivamente en proyectos altruistas. “Crecí en Suecia, y ser hija de un capitalista no era cool. Éramos la familia industrialista en un país con un fuerte arraigo social y democrático. Yo quería ser y vivir como los demás, sin despuntar por el dinero u otros aspectos que avergüenzan a los jóvenes. Te das cuenta del poder del dinero a medida que maduras”, rememora.
Resolvió el conflicto interno al entablar contacto con Network For Social Change, grupo de millonarios que le enseñaron a “ser una buena filántropa”. “Nunca imaginé que regalar dinero es un trabajo. Requiere rigor intelectual, un periodo de evaluación, de hacer las preguntas adecuadas, seleccionar entre distintos campos, organizaciones y proyectos. Las organizaciones son como ecosistemas, y ayudar a una repercute en las demás. Para mí, ser buena filántropa implica descubrir a la gente correcta y dejarles gestionar sus ideas y perseguir sus objetivos sin intervenir”.
Los Rausing se mudaron a Inglaterra en 1982, huyendo de una medida del Gobierno sueco que implicaba, según resume la heredera, la “nacionalización de la empresa familiar”. Desde entonces, la fortuna de Tetra Pack se asocia a paraísos fiscales tanto como a enormes donaciones. “Mi abuelo se guiaba por la idea de que podía erradicarse la pobreza y la hambruna a través del progreso. De ahí surgió la leche entera en envases de cartón. Las ideas importaban en la familia, no el dinero”, advierte.
Granta representa su primera intervención en la esfera cultural. “No es una buena inversión pero tampoco es un acto de benevolencia. Granta y Portobello pierden dinero, pero son aventuras comerciales y las gestionamos con el propósito de hacerlas solventes. Trabajar duro y vender libros son obligaciones que contraemos con nuestros autores. Sin este incentivo, no les representaríamos de la mejor forma posible”.

Tomado de El País.

La industria editorial, en punto muerto

5 Ene
Por María Jesús Pérez, ABC
La industria editorial en España, pese a ser el nuestro un mercado maduro, está por «explotar». En el quinto lugar del «ranking» del sector de las editoriales en todo el mundo, después de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y China, las españolas, terceras en Europa por delante de Francia, son líderes en casi todos los países de Iberoamérica, su vía natural de expansión, por lo que, según los expertos, apremia salir a la conquista de nuevos mercados.
El reto es entrar en Estados Unidos. «El sector editorial español ha estado tradicionalmente muy internacionalizado. Primero, por el vínculo con América Latina y, luego, desde la integración en la Unión Europea con los países que la componen. La penetración en el mercado de EE.UU. ha sido siempre minoritaria y dificultosa», explica José María Álvarez de Lara, profesor de Esade.
Por ello, el motivo de mayor preocupación entre los empresarios del mundo editorial español en los últimos años ha sido, y sigue siendo, la falta de crecimiento continuado. La industria, dicen, está ampliamente consolidada, pero falta una clara y definitiva expansión. De hecho, el sector lleva estancado diez años, con un crecimiento anual del entorno del 1%, según los datos aportados por el último Estudio sobre Comercio Interior del Libro en España realizado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Durante el ejercicio pasado, facturó 2.933 millones de euros, un 1,8% más que en 2004. Rozó los 70.000 títulos editados (un 2,6% más que un año antes) y de los 321 millones de ejemplares editados se vendieron algo más de 230 millones, casi un 3% menos que en 2004.
Cosas por hacer
El presidente de la FGEE y del Grupo Santillana, Emiliano Martínez, explica que la causa del escaso crecimiento se debe a que el sector librero es ya un «mercado maduro», y, si bien está «relativamente satisfecho» con su evolución, faltan cosas por hacer. Por ejemplo, los expertos coinciden en que la reducción del canal de distribución más tradicional, el de las librerías, empobrece el servicio al ciudadano. «Es causa de preocupación la pérdida de presencia de las librerías tradicionales, que siguen cediendo terreno en su desigual batalla con las grandes cadenas y los hipermercados. Con todo, las librerías cuentan aún con un 48,8% de la cuota de mercado, si bien han cedido dos puntos», apostilla el presidente de la FEGG.
«Una de las carencias más importantes de esta industria española es, sin duda, la falta de limitación de títulos editados, uno de los más altos en Europa con cerca de 70.000 anuales. Ahora bien, la disponibilidad de los productos en el mercado debido a una distribución muy fragmentada es la asignatura pendiente de esta industria», añade el profesor de Esade.
En la actualidad, existen en España más de 3.000 editoriales, de las que la gran mayoría son empresas medianas e independientes, y que dan empleo a un total de 3.746 personas. Cada año se abren en España una media de 200 editoriales, pero algunas no sobreviven ni un ejercicio desde su apertura, y ni tan siquiera llegan a publicar. Además, debido a la concentración editorial llevada a cabo en las última décadas, la distancia entre las consideradas grandes editoriales y el resto se ha incrementado. Del total, unas 400 empresas figuran como pequeñas editoriales, con siete empleados como media y una facturación de hasta 600.000 euros al año.
Entre el 2 y 2,5% del PIB
El peso económico del sector varía mucho dependiendo de qué tipo de empresas se mida. Por ejemplo, las 770 empresas -más de 400 de ellas pymes- agrupadas en la Federación Española de Gremios Editores de España (FGEE), movieron en 2005 -últimas cifras disponibles- un total de 4.000 millones de euros, lo que supone un 0,7% del PIB español. «Si bien se puede calcular que el conjunto de las industrias culturales representa entre un 7 y un 8% del PIB, el sector editorial de libros supone entre el 2 y el 2,5%. La participación en el PIB de las industrias culturales está creciendo tanto en España como en el resto de los países avanzados», añade Álvarez de Lara.
Pero la base de la industria editorial española, al igual que en el resto del mundo, se sustenta en grandes grupos empresariales o «holding». «Esta industria está básicamente estructurada alrededor de un 4% de empresas que representan el 65% de las ventas. Además, el 25% de las empresas pertenecen a un grupo o a un «holding»», apunta el profesor Álvarez de Lara.
El grupo Planeta encabeza la relación de grupos editoriales por cifra de ventas con empresas tales como Planeta, su socia italiana Planeta de Agostini, y Espasa Calpe, propiedad también de la primera. En esta relación se encuentra el grupo Bertelsmann con las empresa Círculo de Lectores y Random House Mondadori, y luego los grupos Santillana, Anaya y Océano.
Diversificar y especializarse
Los expertos opinan que si bien no se puede generalizar diciendo que el futuro de la industria editorial pasa por la diversificación del negocio -algunas, las no tan grandes, contemplan su futuro con éxito especializándose como por ejemplo el sector de la literatura, el de la edición científica y técnica o la edición jurídica-, a nadie se le escapa que los grandes grupos, tanto nacionales como internacionales, se han diversificado y continúan haciéndolo en sectores afines al de las industrias culturales, tales como la prensa, las revistas y el mercado audiovisual (cine y televisión).
El Grupo Planeta apostó desde sus inicios (se fundó en 1949) por la difusión internacional del libro. Hoy cuenta con una sólida red de editoriales en Iberoamérica y Portugal. Ejemplo de ello son la propia Editorial Planeta en Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela, Ecuador, México y USA; Emecé Editores en Argentina; Joaquín Mortiz en México y Dom Quixote en Portugal.
Además, dentro de la estrategia de erigirse como Grupo de Comunicación proveedor de contenidos a través de múltiples canales y soportes, el Grupo Planeta ha tomado participaciones en diversos medios de comunicación. Desde junio de 2003, junto a De Agostini, es el accionista de referencia del Grupo Antena 3, que incluye Antena 3 TV y la cadena de radio Onda Cero. Es accionista de referencia del diario «La Razón» y, junto al Grupo Godó, también del periódico catalán «Avui», además del gratuito «ADN».
El socio italiano de Planeta, Editorial Planeta DeAgostini, se constituyó en el año 1985 para centrarse en tres grandes áreas: los coleccionables, los productos interactivos -enciclopedias, cursos y obras infantiles en soporte electrónico-, y los cómics. Opera en España, Portugal, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Portugal, Uruguay y Venezuela.
Pero el gran cambio le llegó con la llegada a su presidencia de Marco Drago, en 1997. El grupo De Agostini es propiedad de 30 familiares, incluido Drago, que posee en torno al 5,7% el capital. El año pasado logró la mitad de sus ingresos de la aseguradora Toro, que compró a Fiat en 2003 y que vendió en junio a Generali por unos 3.900 millones de euros. De Agostini también posee inversiones en medios de comunicación como Antena 3, y empresas de distribución de cine y DVD.
Su última «diversificación» de negocio ha sido reciente: en octubre, adquiría Gtech Holdings, el primer fabricante de equipos de lotería del mundo, realizada a través de su filial Lottomatica.
El grupo Bertelsmann se fundó en Alemania en 1835, a partir de una editorial familiar, pero muy pronto empezó a diversificarse hacia los medios de comunicación, la línea que siguen ahora las grandes del sector editorial. Sus propiedades engloban edición de prensa escrita, productoras de música y películas, servicios «on-line» y firmas editoriales. Es el gigante europeo de la comunicación y uno de los más grandes del mundo. En estos momentos, el grupo, con presencia en 50 países y más de 300 centros de negocio, opera en la Unión Europea (UE), Iberoamérica, Estados Unidos, África y Asia.
En España el grupo centra su actividad en el campo editorial, donde cuenta con Círculo de Lectores y el Grupo Editorial Bertelsmann (Plaza & Janés, Lumen, Mondadori, Debate, Grijalbo, etc). En el año 2000 Bertelsmann y el grupo Planeta fundaron DeBolsillo, quedándose Berstelmann con el control de la empresa un año más tarde. DeBolsillo fue lanzada en Santiago de Chile a través de la Editorial Sudamericana, propiedad del conglomerado alemán.
En cuanto al sector audiovisual controla RTL, la cadena de TV con base en Luxemburgo (22 cadenas de televisión y 18 de radio en toda Europa). A través de RTL el grupo participa en la cadena española de televisión Antena 3. Posee, además, una parte del canal de pago alemán Premiere; los también alemanes Club RTL, RTL2, Super RTL y Vox, el Canal 5 británico y los franceses M6 y TMC, entre otros.
Otra línea a seguir es la del Grupo Editorial Santillana, integrado por un conjunto de empresas que desarrollan su actividad en el área lingüística del español y del portugués. A lo largo de su existencia, el Grupo Santillana ha ido consolidando su especialización en la edición educativa, extendiéndola más allá de las fronteras españolas, con especial atención a Iberoamérica, donde el grupo es líder en el sector de libros para la enseñanza. Aunque en su origen el Grupo Santillana es netamente español, en la actualidad está presente con empresas propias en la práctica totalidad de los países de habla hispana, además de Portugal, Reino Unido, Brasil y Estados Unidos.
Desde marzo de 2000, el Grupo Santillana forma parte del Grupo Prisa, al que pertenecen, entre otros medios de comunicación, el diario «El País». «As», «Cinco Días»; la Cadena Ser; la entidad de televisión Sogecable, que incluye la televisión en abierto Cuatro y la plataforma de televisión digital vía satélite Digital+.
Diferente caso es el de los grupos Anaya y Océano, comprometidos al 100% con el mundo del libro. El Grupo Anaya, está integrado en el Grupo Lagard_re desde enero de 2004. Entonces, tras la autorización de la Comisión Europea para la compra del 40% de Editis, antigua Vivendi Universal Publishing, por el Grupo Lagard_re, Grupo Anaya, con José Manuel Gómez como presidente, queda integrado en la división Hachette Livre del mismo grupo.
Apoyo gubernamental
Y mientras los grandes grupos crecen y crecen, y se posicionan en el mercado exterior, las «otras» esperan mayor apoyo gubernamental y de las diversas instituciones que afectan al sector.
En este sentido, ¿qué está haciendo el actual Gobierno para reforzar esta industria? Por su importancia y su influencia en el mundo cultural, todos los gobiernos, en mayor o menor medida, y con mayor o menor suerte, se han preocupado de la industria editorial. Para el profesor Álvarez de Lara «en cierta época fueron los incentivos a la exportación así como las subvenciones al consumo de papel las medidas tomadas para fomentar la actividad de esta industria, que si bien no tiene la importancia económica de otras, tiene más «glamour»».
Con la recuperación de la democracia, los sucesivos gobiernos lanzaron diferentes planes de fomento a la lectura que conocieron éxitos diversos. Pero el debate permanente en el sector es el «precio fijo», con argumentos convincentes tanto en un sentido como otro y con experiencias ajenas que dan elementos para la controversia. «Es cierto que, si bien el índice de lectura es bajo comparado con los países del norte de Europa, el número de lectores ha aumentado como consecuencia del incremento del nivel cultural del país», analiza el profesor de Esade.
Para fomentar la presencia editorial española en el exterior, la FGEE y el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) han destinado este año un presupuesto de 1,8 millones de euros, que ha servido para participar en ferias en el extranjero, organizar misiones comerciales inversas de compradores de otros países y poner en marcha los planes del Libro en Español en Estados Unidos y de derechos en el Reino Unidos.
Tomado del boletín de noticias de Cegal.