Entre la neutralidad y la expresividad

20 Oct

Dos hombres hablan en un departamento. Uno ha rescatado al otro de su intento de suicidio y trata de convencerlo, con un gran esfuerzo retórico, de que desista de su idea de usar un tren (el Sunset Limited) como un arma para acabar con su vida. Aunque breve, el uso exclusivo de un largo e intenso diálogo como recurso narrativo hace de El Sunset Limited, novela de Cormac McCarthy, un reto para cualquier traductor. ¿A qué español traducir el registro informal de un profesor universitario (blanco), ateo y suicida? ¿Qué expresiones, términos o jerga debe usar un expresidiario (negro), sarcástico, quien descubrió a Dios mientras agonizaba en la enfermería de una cárcel? Las respuestas a estas preguntas dependerán de si la editorial planea comercializar la traducción en un “mercado lingüístico” específico (España, el Cono Sur, el Caribe) o si pretende que esta, sin importar las variantes regionales, sea aceptada y apreciada en los países de habla hispana. Dicho de otra manera, y versionando lo expresado por Mario Bellatin, el traductor se verá en la obligación de escoger entre la persecución de la ilusoria neutralidad y la de la esquiva expresividad.

En vista de la presencia de frases como “Oiga, ¿se está cachondeando de mí o qué?”, “Tengo que ir cagando leches a la estación” o de expresiones como “poner chinitas” e “importar todo una higa”, el traductor Luis Murillo Fort decidió ser más expresivo que neutral, traduciendo el original en inglés (cuál de tantos) a una variante del español que sentía más idónea para expresar el carácter y las ideas de los personajes de la obra, Blanco y Negro.

Esta decisión puede haber sido errónea y haber puesto en evidencia el deseo de imponer un español por encima de los otros. Aunque, ¿alguien sabe cuál es el español al que traduce Murillo Fort? ¿El gallego? La maledicencia y cierto resentimiento latinoamericano hacia lo español han convertido en vergonzosa categoría lingüística un juicio de valor. Según los latinoamericanos, los habitantes de España hablan gallego, un idioma que, curiosamente, se asemeja mucho más a las variantes del español que se hablan en los países latinoamericanos y mucho menos al idioma que se habla en Galicia. La decisión del traductor y de la editorial de traducir a McCarthy a este español puede haber sido un error, pero solo en la medida en que hay lectores a los que, legítimamente, les molesten las expresiones y términos empleados, y que incluso no consigan comprender parte de la obra debido a cierto ruido. En este grupo no solo se deberían incluir a los lectores latinoamericanos sino también a algunos lectores españoles. Un andaluz o un catalán hablan variantes del español que no son idénticas a las de un madrileño o un vasco. Pues, contrario a lo que se cree, no todos los españoles hablan igual, así como tampoco lo hacen todos los peruanos.

Por otra parte, pensar que las traducciones vertidas a ese abstracto español peninsular, “el gallego”, forman parte de un accionar hegemónico de las multinacionales españolas del libro o que solo se debe traducir a una variante del español para salvaguardar la integridad de los lectores, no de la obra, carece de fundamentos.

Todo aquel que haya leído la traducción que editorial Norma (Colombia) le encargó al escritor Elkin Obregón de Mandrake, la Biblia y el bastón, de Rubem Fonseca, se habrá encontrado con el término citófono, nombre empleado en Colombia para referirse al dispositivo que sirve para comunicarse desde el interior de un apartamento con la entrada del edificio. Claro, citófono es un término inocuo, que no invita a malas interpretaciones ni tergiversaciones del texto. Pero, ¿qué pasa con el término “tira”? Obregón en vez de traducir “tira”, sustantivo usado en el portugués de Brasil para referirse a un agente de policía, prefiere mantenerlo, probablemente en aras de la expresividad: “Pienso que Victor Hugo describió al tira perfecto, todo buen tira tiene que ser un Javert sin misericordia.” ¿Algún lector español o latinoamericano debe sentirse perturbado por esta licencia del traductor? A alguno se le podrá escapar la referencia a la obra de Victor Hugo, pero difícilmente no encontrará el sentido de “tira”. Mientras que la literatura para adultos invita a leer con suspicacia las traducciones, la lectura de literatura para niños exige urbanidad y decencia. Se repite incansablemente que un texto traducido a una variante del español que no es la propia dificulta la comprensión y el disfrute de los lectores más jóvenes. Hasta se teme que los niños más pequeños dejen de aprender el español de sus padres y prefieran hablar como los foráneos. Esta forma de relacionarse con lo ajeno ha llegado incluso a censurar anécdotas o referencias a otras realidades sociales o culturales presentadas en libros escritos directamente en español. “Si el libro tratara un tema más cercano a la realidad de nuestros niños sería mejor”, “si el autor no usara palabras tan raras se entendería más”.

Está bien, la existencia de un español neutro, imposible de ser relacionado con algún territorio o nación, nos brindaría textos escritos en un lenguaje que, hipotéticamente, todos sentiríamos como nuestro, nunca de otro. Sin embargo, ¿existe un español neutro? Más allá de lo ensayado por los medios de comunicación, es difícil registrar un uso de este español. Peor aún, al no ser de nadie, ni de ningún lugar, es poco probable que alguien se identifique con él y con lo que se trate de expresar al usarlo.

Soñadora, a la vez lúcida y desprejuiciada, la editora colombiana María Osorio en su texto “Tengo un sueño… una mirada positiva al futuro del libro infantil en América Latina”, dice “Encontraremos además libros diversos, libros escritos en el español que se habla en los diferentes países, libros que no nos parecerán ajenos porque habremos aprendido a enriquecer nuestro lenguaje con las particularidades del español que hablan y escriben nuestros vecinos.”.

Cuando de lectura, de libros y de literatura se trata, aprender a enriquecerse es fundamental. Y no hace falta insistir en que somos diferentes a los otros, de eso ya hemos tenido bastante.

Anuncios

Una respuesta to “Entre la neutralidad y la expresividad”

  1. Gustavo 03/08/2013 a 6:44 pm #

    Soy de Argentina, estoy leyendo el libro la cupula (under the dome) de stephen king traducido al “español de españa”, y me resulta poco agradable leer expresiones como “cagando leches”. Como tambien me pareceria mal que un traductor argentino use expresiones de mi pais al hacer una traduccion.
    no costaria nada usar una frase como “salio muy apurado” en lugar de “salio cagando leches”, de esa forma se podria entender en cualquier parte de habla hispana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: