En búsqueda del lector perdido

3 Dic

Las consecuencias de una crisis económica pueden ser insospechadas. Y así como en una guerra la primera víctima es la verdad, en una crisis la primera víctima es la creatividad. Gente acostumbrada a actuar de una determinada manera un buen día se sorprende al ver que ese accionar ya no funciona, pero no sabe qué otra cosa hacer, así que sigue haciendo lo de siempre. Quizás por eso la industria editorial española insiste en mirar hacia América buscando las ventas perdidas en España. “América será la salvación del editor español, hasta que aquí nos recuperemos” dijo hace unos días Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma. Días después, Ignacio de los Reyes, enviado especial de BBC Mundo a la FIL Guadalajara, escribiría: “Los lectores de América Latina también podrían salvar la temporada al sector editorial español, líder del mercado hispanohablante”. 
¿Y es que acaso el mercado americano es una suerte de caja chica de la industria editorial española? Parece que sí.  Como comenta Julieta Lionetti en una entrada de El ojo fisgón que aborda este tema, “América, la América hispánica, ha sido varias veces la salvación y también el hundimiento de la industria editorial española. Y la industria editorial española ha significado, en varios países, el hundimiento de las editoriales locales. La última década del siglo XX y la primera mitad de la de este, vieron llegar containers llenos de mercancías –eran libros, pero no eran tratados como tales– al peso a los puertos de Hispanoamérica. Exactamente como llegan baratijas chinas a tantos sitios. Ninguna diferencia.”.
Pero más allá de consideraciones éticas que no tienen por qué interesarles a todos los editores, hay razones de orden práctico relacionadas con la efectividad de la estrategia de cruzar hasta la otra orilla en búsqueda del lector perdido.  Uno de los obstáculos más evidentes es cómo el PVP de los libros aumenta cuando son importados a América. Tómese como ejemplo un par de libros de editoriales españolas independientes como Impedimenta y Errata Naturae. Sanshiro, novela del escritor Natsume Sōseki y publicada por Impedimenta, en España tiene un PVP de 21,95 euros mientras que en Uruguay es de 41 euros (1.067 pesos). Por su lado, La escultura de sí mismo, del filósofo Michael Onfray y publicado por  Errata Naturae, tiene en España un PVP de 20,90 euros que llega a los 38 euros (1.000 pesos) cuando se vende en Uruguay. 
El otro obstáculo es que un mercado atractivo como el argentino ya es abastecido por una industria local bien desarrollada y que está en capacidad de ofrecer una gama amplia de títulos que pueden satisfacer a los lectores más exigentes. Según el Informe completo 2010 de la Cámara Argentina del Libro, esta industria editorial publicó 22.781 novedades, de las cuales imprimió 60.070.101 ejemplares.  

Algunas ideas
Sin pretender dar lecciones a nadie y tan solo resumiendo las ideas que muchos otros ya han expresado, los agentes de la industria editorial española podría considerar las siguientes posibilidades para paliar los efectos de la crisis en su mercado local:

  • Reducir el número anual de novedades cuya ingente cantidad tan solo satura el canal de librerías y reduce el tiempo de exhibición de cada título a lapsos insignificantes. 
  • Desechar la insensata búsqueda del bestseller que permita alcanzar la meta de ventas mensual y anual. ¿Cuántos recursos no se invierten en tratar de encontrar o “fabricar” ese superventas que permita recuperar los recursos ya invertidos en otro supuesto bestseller?
  • Asociarse con los editores americanos para encontrar estrategias  que beneficien a todos. Por ejemplo, negociar una edición colombiana, una argentina y una mexicana  de algunos de sus títulos para así obtener un mejor PVP y un mejor posicionamiento en el mercado. Esta es una táctica que ya se ha empleado con éxito.
  • Buscar socios para potenciar o desarrollar la impresión por demanda. A esta altura parece increíble constatar que en muchos países de América sigue siendo más “económico” imprimir en offset que imprimir bajo demanda.  

Finalmente, no deja de ser llamativo que los editores españoles ignoren el tan anunciado cese de la publicación de obras de ficción y no ficción por parte del Grupo Editorial Norma. Puede acusarse a los directivos de Norma de avaros, peseteros e ignorantes que esperan que un libro rinda los mismos beneficios que un paquete de café, pero no deja de ser cierto que lo que señala la decisión de este grupo editorial es una ausencia crónica de lectores para determinado tipo de libro, ausencia que afecta a todos los libros, no importa de dónde vengan. 

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