Entrevista a un [auto]editor: Rodolfo Fucile

17 Nov

“Corte y confección”, ilustración de Vicios y Virtudes del Carnicero.

Rodolfo Fucile es, según se describe así mismo de forma escueta y precisa: “Ilustrador y dibujante nacido en Buenos Aires en 1978. Colabora con medios gráficos y editoriales como Clarín, La Nación, Caras y Caretas, Brando, First, Cinemanía, La mujer de mi vida, Capital Intelectual, Continente y Planeta. Además realiza storyboards e ilustraciones publicitarias.” Pero lo que no dice Fucile es que ha asumido también el rol de autoeditor, tomándose el trabajo no solo de editar dos publicaciones que recogen parte de sus trabajos más personales sino también de promocionarlas y venderlas. Este autoeditor compartió un poco de su experiencia con Sobre Edición.  

¿Cómo definirías Ediciones Del Antiguo?
Rodolfo Fucile: Ediciones Del Antiguo es simplemente un sello editorial que nació con el objetivo de auto-editar proyectos gráficos personales. No tiene, en principio, algo parecido a una “doctrina”. Aspiro a que la línea editorial se construya sobre la marcha, aunque, por tratarse de un catálogo de obras de un mismo autor con un estilo más o menos consolidado, inevitablemente tendrá una identidad marcada. El denominador común de los trabajos publicados y por publicar radica en que en todos hay protagonismo del dibujo o la ilustración. Tal vez, en un tiempo, pueda ensayar una definición más acabada…

¿Qué estrategias has seguido para dar a conocer sus publicaciones?
RF: Las estrategias, en lo operativo, han sido más o menos las mismas que las de cualquier pequeña editorial: difusión por e-mail, blogs, PDF’s, sitios web especializados, envío de ejemplares a medios periodísticos, presencia en eventos y ferias alternativas, etc. Por otra parte, como desde hace tiempo publico trabajos en mi blog, hay una pequeña (pero fiel) cantidad de personas (entre ellas muchos colegas) que sigue las actualizaciones y contribuye también a la difusión de mi trabajo.
En cuanto al contenido de las gacetillas, trato de hacer lo posible para que sean algo más que un aviso publicitario. En el caso del libro Artistas irrelevantes, por ejemplo, he mandado por mail cuentos breves ilustrados o postales humorísticas que conservan el estilo del libro. Creo que cualquiera de estas opciones resulta más agradable, atractiva y efectiva que un aviso, con precio y descripción del “producto”.

¿Cómo le venderías a los lectores tu más reciente libro-objeto, Vicios y Virtudes del Carnicero?
RF: Probemos con esto: Vicios y Virtudes del Carnicero: una torpe y fragmentaria reflexión sobre la argentinidad, que permite a su autor bucear (o más bien flotar) por las zonas menos profundas de la filosofía, la psicología y la carnicería. Un ensayo gráfico inesperado y sorprendente, que ha sido considerado spam por la Biblioteca Nacional. Descargue una muestra gratis acá: Vicios y Virtudes del Carnicero.

¿Cómo has conseguido que las librerías colaboren con este proyecto?
RF: El librito del Carnicero está en muy pocas librerías y en un par de galerías porque, al tratarse de una edición limitada y artesanal, no podía arriesgarme a que terminara escondido o en un depósito. El anterior sí tiene una distribución más amplia. Pero para ambos proyectos seguí el camino que me pareció más sencillo: les mandé datos y muestras por mail o les llevé un ejemplar para que conocieran el material. En algunos casos no contestaron, pero en la mayoría hubo buena recepción. Vale decir que algunos libreros se han interesado mucho por mis libros y los han exhibido, pero salvo un par de excepciones, todos han tomado el material en consignación y en las condiciones habituales para una editorial chica (40% del PVP para el librero). Por lo cual, hablar de “colaboración” por parte las librerías sería excesivo; se trata más bien de un acuerdo comercial ordinario donde ambos ganamos si el libro se vende.

Si tu obra es publicada en revistas de amplia circulación, ¿por qué optar por la autoedición? ¿Qué obtienes de ella como autor?
RF: Si bien es cierto que publico ilustraciones en diarios y revistas de amplia circulación, también es cierto que esos trabajos no son los mismos que los que autoedito. Hasta el momento mis colaboraciones en medios fueron en calidad de ilustrador de artículos y relatos. No digo que sea imposible publicar ahí mis trabajos más personales, pero por ahora no se ha dado la oportunidad (y cuando se dio no se dio como yo quería). La excepción podría ser la revista La mujer de mi vida, donde publiqué durante un año la serie “Artistas Irrelevantes”. Pero en este caso no se trata de un medio de amplia circulación sino de una revista especializada, de tirada más modesta.
Lo que obtengo con la autoedición es la posibilidad de controlar a mi criterio todo el proceso creativo, el diseño, la producción, la circulación, la prensa y la comercialización de mi trabajo, sin tener que hacer concesiones más que con mis propias limitaciones técnicas y presupuestarias. Lleva tiempo y esfuerzo, pero tiene sus ventajas y es un trabajo que me resulta gratificante.

¿Qué es un libro-objeto?
RF: Para mí es una pregunta compleja porque no soy un experto en el tema. Hay muchas definiciones y zonas grises entre el libro-objeto, el libro de artista y el libro ilustrado. Al del Carnicero lo presenté como libro-objeto para no tener que dar tantas explicaciones, pero todavía me pregunto si en realidad es un libro o una carpeta de dibujos y grabados. Pero bueno, creo que un libro-objeto es un libro donde forma y contenido se funden plenamente, creando un contrapunto de lenguajes. Se puede disfrutar leyendo, mirando, tocando e incluso oliendo y escuchando (y tal vez haya libros que se puedan degustar). En definitiva, esas etiquetas no deberían convertirse en un corset. Hay libros bien simples, impresos a una tinta en offset y encuadernados en rústica que sin embargo son irresistibles, no sólo por su calidad literaria, sino por la belleza de su diseño, por la tipografía, las ilustraciones, la textura del papel… O sea que todo libro debería ser un libro-objeto.

Si asumimos como cierto que la mirada del otro (el editor) puede ayudar al autor a mejorar su obra, ¿el autor que se edita corre el riesgo de perder el sentido crítico?
RF: A mi juicio si el editor es un profesional con buena formación artística y literaria, que está dispuesto a experimentar y arriesgar algo para mantener la esencia de los proyectos, su mirada es fundamental y enriquecedora. En esos casos el autor se siente contenido y encuentra en el editor un compañero con el cual puede discutir y trabajar en conjunto para potenciar las cualidades del libro. Pero cuando el “sentido crítico” del editor sólo está concentrado en mejorar la rentabilidad de su empresa y para eso decide amoldar los proyectos a las tendencias de mercado se convierte en el principal enemigo del autor y del libro.
Antes de autoeditar Artistas Irrelevantes recibí críticas de editores profesionales: algunos me decían que estaba muy lindo, pero que iba a resultar carísimo, que no se iba a poder catalogar bien porque era un producto extraño, que no iba a obtener prensa, que iba a ser difícil colocarlo en librerías, etc. La realidad fue que no resultó caro, pude distribuirlo bien, se vende, y fue comentado en diarios, revistas, radio y TV. Si eso lo conseguí yo solo, con mi estructura minúscula, ¡cómo no iban a lograrlo ellos!
Así que, volviendo a tu pregunta, tanto el autoeditor como el editor pueden perder el sentido crítico por distintos motivos. Yo no soy un fundamentalista de la autoedición: si encuentro un editor amante de los libros que se interese por mi trabajo y me ofrezca un contrato digno no dudaré en trabajar con él.

¿Qué le ofrece la autoedición a los lectores?
RF: No creo que la autoedición en sí ofrezca nada en especial a los lectores. En todo caso, es un recurso para que muchos proyectos que no encuentran espacio en el mercado editorial tradicional puedan llegar a ellos. Tal vez haya en las autoediciones una voluntad de expresión y experimentación más “descontrolada” y ajena a criterios comerciales, pero no tengo pruebas para afirmarlo. Por otro lado, esa característica no es garantía de calidad. En definitiva, todo depende del autor y del proyecto.

¿Crees que la autoedición y la edición independiente y alternativa nutre y dinamiza a la industria editorial o cada una se rige por sus propias reglas?
RF: Las dos cosas. Es indudable que la dinamiza porque por vías alternativas (como las ferias independientes o Internet) tanto el público como los editores profesionales pueden conocer nuevos proyectos e interesarse por ellos. A su vez, ambos circuitos se rigen por sus propias reglas.  En mi caso, aunque intento administrar mi editorial de la manera más racional posible, no persigo la rentabilidad y el reintegro inmediato de la inversión. Es más, no tengo problema en auto-financiar algún proyecto personal extraño con las ganancias de mi trabajo como ilustrador (que no son abultadas, por cierto). En cambio, salvo excepciones, en una editorial comercial el criterio es diferente. Si un libro no rinde lo que se espera, no se publica, o se salda enseguida, o se tritura, para dar lugar a títulos más rentables. Esa diferencia de criterios es fundamental y aunque no todas las editoriales actúen de la misma manera al ser empresas comerciales ante todo persiguen un fin económico (no lo cuestiono, pero lo observo como una diferencia sustancial).

¿Qué opinas de los libros electrónicos y de las oportunidades que se dice que ofrecen para los autores, editores y lectores?
RF: Sinceramente no conozco mucho sobre el tema ya que en la Argentina no está tan desarrollado como en Europa o EEUU y hasta ahora no me he preocupado demasiado por investigar. A mi juicio el libro impreso y el libro electrónico no compiten entre sí. Creo que son formatos que se complementan. Sin dudas el libro electrónico impactó en el mercado y obligará a los editores a repensar su estrategias, pero no va a desplazar totalmente al libro tradicional ya que la experiencia sensible de leer un libro impreso, tocarlo, disfrutar sin mediaciones de su diseño, de sus ilustraciones, etc. no es comparable a la de leerlo a través de un dispositivo electrónico. Pero no sé, tal vez sea sólo una expresión de deseo… En cuanto a las supuestas oportunidades de los eBooks, lo dejaría en suspenso. Si hablamos del negocio habría que diferenciar los intereses y la posición de cada eslabón de la cadena, que no son los mismos en el negocio del libro impreso, ni creo que vayan a cambiar porque cambie la plataforma. En la Argentina, salvo un puñado de autores consagrados y de figuras mediáticas que publican libros marketineros, el resto no vive de los derechos de autor. O sea que si las condiciones del mercado de los eBooks se mantienen igual a las del libro tradicional, no creo que haya mejoras para los autores. Para el resto de la cadena puede ser porque se elimina el costo de impresión y de depósito, se modifica el sistema de distribución y comercialización, y se ofrecen contenidos a bajo costo, lo que permite al lector curioso acceder al material sin desembolsar una suma importante. ¡Pero no quiero terminar la entrevista con pesimismo! ¡Larga vida a los libros… impresos y de los otros!

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