Las ocho lecciones de Maschler

14 Abr

El relato de la vida de los editores  se ha convertido con el tiempo en una suerte de género literario emparentado con el de la hagiografía. De la misma manera que se estudia la vida de los santos para aprender por vía de la imitación la manera apropiada de honrar a Dios, leer la vida de los editores también brinda la oportunidad de entender gracias al estudio de casos las destrezas necesarias, los criterios válidos y hasta el carácter que se debe tener si se quiere desempeñar la profesión con éxito. Así, curiosamente, el santo y el editor quedan hermanados.
Aunque hay algunas por las que se sigue esperando, desde hace tiempo se vienen publicando biografías de editores. Gastón Gallimard. Medio siglo de edición en Francia, donde Pierre Assoulin habla del hombre que creó uno de los sellos literarios más prestigiosos de la industria, Senior Service, en la que Carlo Feltrinelli cuenta la fascinante vida de editor y de activista político de su padre, y El autor y su editor, en la que Siegfried Unseld habla de su relación con Bertolt Brecht, Hermann Hesse o Rainer Maria Rilke, son solo algunas de las que han llegado a convertirse en clásicos del género.
Y si aceptamos que la biografía de editor es un género, entonces podremos aceptar que su discurso esté plagado de figuras retóricas que tienden a destacar los éxitos por encima de los fracasos. Pero esto no es un defecto, es solo un recurso como se puede apreciar en Editor, la autobiografía del legendario Tom Maschler.
Aunque en muchas oportunidades su relato crea la falsa impresión de que en su vida profesional todo conspiró a favor de su éxito, se puede encontrar entre las anécdotas que ensalzan el genio de Maschler valiosas lecciones acerca de lo que significa ser un profesional de la edición de libros. 

Lección 1. Debes sentir un entusiasmo a prueba de todo.
Tom Maschler nunca había publicado un libro para niños, pero el entusiasmo que sintió al conocer el trabajo del artista John Burningham lo hizo esforzarse hasta lograr vender los derechos de Borka, la primera obra del artista, a ocho editores en igual número de países y así convencer a sus jefes en la editorial Jonathan Cape de publicar el libro.
Borka. Las aventuras de un ganso sin plumas ganaría en 1963 la medalla Kate Greenaway, entregada por la Library Association al mejor libro ilustrado del año. También sería el primero de muchos libros de quien sería considerado como un artista de enorme talento en Gran Bretaña.

Lección 2. No importa el tipo de libro que publiques, te debe llenar de satisfacción.
Tras el éxito de Borka, Maschler, editor de libros para adultos, decidió continuar publicando libros para niños a pesar del riesgo comercial que estos implicaban. Y todo por la sencilla razón de que estos libros lo llenaban de una gran satisfacción.

Lección 3. Debes trabajar con colaboradores que amen su trabajo.
Según Maschler si al momento de evaluar el trabajo de un ilustrador éste afirmaba, refiriéndose a su trabajo, “también los puedo hacer con otro estilo”, esto probaba que no debía trabajar con ese colaborador. 

Lección 4. Sé osado.
Cuando Tom Maschler conoció a la artista Nicola Bayley y su obra se convenció de que debía publicarla. Bayley era una completa desconocida pero su primer libro se llamó El libro de rimas infantiles de Nicola Bayley, llegando a tener un gran éxito.

Lección 5. La idea para un libro no siempre la encontrarás en el lugar más obvio.
Hay lugares idóneos para buscar autores y colaboradores, pero no siempre son los mejores para encontrar al autor de un buen libro. Fred fue el primer libro para niños publicado por Posy Simmonds quien era conocida hasta el momento como caricaturista de The Guardian.

Lección 6. Debes publicar libros que supongan una aportación única a nuestra cultura.
En las décadas de los setenta y ochenta Tom Maschler publicaría tres libros para niños que no solo alcanzarían ventas fabulosas sino que se convertirían en grandes sucesos en Gran Bretaña.
El primero de ellos sería The Butterfly Ball and The Grasshopper’s Feast (1973), producto de la colaboración entre el artista Alan Aldridge y el escritor William Plomer. Este libro sería considerado “piedra angular de una revolución gráfica”, ganaría el premio Whitebread al mejor libro para niños de 1973 y vendería unos trescientos mil ejemplares.
Seis años después, en 1979, aparecería Masquerade un libro que sorprendió a todos en Gran Bretaña. Ideado por el artista Kit Williams, las ilustraciones de Masquerade encerraban pistas que conducían a un tesoro enterrado en alguna parte de Inglaterra. Del libro se vendieron seiscientos mil ejemplares en Gran Bretaña y gracias al furor que causó entre los lectores que salieron a cazar el tesoro se consideró que se había tratado de la mejor campaña de mercadeo de todos los tiempos. Algunos también consideran que Masquerade fue el punto de partida para un nuevo tipo de libro, el libro de “la búsqueda del tesoro”.  
Luego, en 1982 Maschler publicaría el libro animado (pop-up) El cuerpo humano, creación del diseñador David Pelham en colaboración con el doctor Jonathan Millar. Esta obra representó un gran reto técnico pues se trataba de “un libro animado con seis puntos de despliegue, para mostrar en tres dimensiones y con partes móviles el funcionamiento del cuerpo humano”. El libro, que fue impreso por Carvajal en Colombia, vendió trescientos mil ejemplares en Gran Bretaña y más de un millón en el resto del mundo, y fue traducido a veinte idiomas. Hasta el presidente de Colombia, según Maschler, le escribió una carta agradeciéndole lo que había hecho por la economía del país cuando decidió imprimir el libro con Carvajal.

Lección 7. No debes traicionar tus principios.
Durante un tiempo Maschler publicó las novelas de Jeffrey Archer. Si bien las novelas tuvieron cada vez mayor éxito comercial, su calidad literaria no fue en aumento. Así llegó el día en que la agente literaria del autor presentó Kane y Abel, la última novela escrita por su representado. A pesar de que Maschler sabía que sería un gran éxito de venta, por lo que había accedido a pagar cincuenta mil libras de adelanto, terminó desestimando su publicación. Y todo porque el autor quiso saber si de verdad el editor admiraba la obra, a lo que éste respondió: “no esperes que me traicione a mí mismo, para que yo admirara la obra tendría que ser literatura de calidad”. Ninguna obra de Archer volvió a ser publicada bajo el sello Jonathan Cape.

Lección 8.  Sin importar qué tipo de libro publiques debes hacerlo con calidad.
Tras ser conocido como editor literario y haber tenido un gran éxito publicando libros para niños, Tom Maschler también se aventuró a publicar libros de cocina. Aunque fiel a su estilo, el editor británico publicaría una edición facsimilar de Mrs Beeton’s Book of Household Management, “el libro de cocina inglés más famoso de la historia”.
Con sus mil páginas, este libro victoriano vendería trescientos mil ejemplares en Gran Bretaña e incluso se convertiría en un éxito de ventas en Estados Unidos bajo el sello Farrar Straus.

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