Dudas sobre el futuro (revolucionario) de la edición

14 Abr

La lectura del artículo Publishing: The Revolutionary Future, de Jason Epstein, me ha dejado más inquieto que tranquilo y me ha hecho dudar respecto a los términos, ideas y pronósticos a los que este editor hace referencia.
Lo primero que ha llamado mi atención es que Epstein, al igual que otros expertos, ha escogido hablar en futuro de los cambios que, se supone, ya deberían estar ocurriendo desde hace un tiempo. Luego de haber tenido la oportunidad de conocer una nueva y mejorada versión del Kindle, comprobar que el iPad no era un bulo y ver cómo, recientemente, el DS de Nintendo ha pasado a engrosar el grupo de dispositivos en los que se puede leer un libro, es difícil creer que aún no se hayan presentado todas las condiciones necesarias para que podamos ver los cambios anunciados. Incluso la aparición de la Expresso Book Machine de Epstein, cuya versión beta data de 2006, debería ser considerada como uno de los hitos que marque el inicio de los cambios. ¿Será que todavía no hay un mercado para los eBooks? Debería haberlo si ya desde 2002 se viene hablando del crecimiento sostenido de las ventas de eBooks, sin importar que no terminen de ser tan económicos como anunciaban algunos editores y esperaba la mayoría de los lectores.

Del editor al lector
Hay otra predicción que no termina de cumplirse. Según Epstein y otros, los libros o las obras, que con el cambio de soporte ya no son sinónimos, se publicarán en los sitios de los autores y de los editores, así como en sitios confiables en donde su calidad será evaluada por expertos. Estas obras podrán ser descargadas directamente por los lectores, pasando directamente a estos desde las manos del autor o del editor, sin intermediarios. Es curioso que Epstein, editor de vasta experiencia, no distinga la figura del autor de la del editor y escriba “downloaded directly from author or publisher to end user” [descargado directamente del autor o el editor al usuario final], como si el editor no fuese un intermediario por antonomasia. Pero, ¿la posibilidad de descargar libros electrónicos desde iTunes a un iPhone o un iPod touch no es una muestra de que esta profecía ya se ha cumplido? No, porque en este caso hay un intermediario y prevalece más la lógica de la gran superficie (lo que está mejor exhibido se vende más, se exhibe mejor lo que más se vende) que el criterio del experto o la inteligencia colectiva.

Una diversidad sin precedentes
Otra predicción de Epstein, que muchos editores estamos deseosos de ver cumplida, es la que afirma que gracias a la digitalización la producción de contenido en distintas lenguas será estimulada. Lamentablemente, Epstein no abunda en detalles y nos deja con las ganas de saber porqué la digitalización motivará a los editores o a los autores (¿se irá borrando la distinción entre unos y otros?) a producir más contenido. Se puede especular que se deberá a la reducción de los costos asociados a la producción tradicional del libro. Al eliminarse el costo de impresión, almacenamiento y distribución, su redundante estructura tradicional, el editor podrá dar rienda suelta a su imaginación y podrá publicar digitalmente todas aquellas obras que por poco rentables (muy costosas y con un público reducido) no podría haber publicado de la forma tradicional. Mas si le prestamos atención a lo afirmado por los autores de Paradigma Libro, en la entrada Del precio de los eBooks a las chuches, es difícil estar de acuerdo con esto: “Lo razonable, después de analizar la estructura de costes y el escandallo de precios posibles es que el ebook salga al mercado con un precio ligeramente inferior a la edición el papel, pero sólo ligeramente”.
Según Epstein, gracias también a la digitalización, los editores podrán especializarse en temas, establecer alianzas con otros editores, que no tendrán que estar en el mismo país, y así satisfacer nichos de mercado. A este respecto, vale la pena citar al Jason Epstein de La industria del libro cuando dice: “La edición de libros es por naturaleza una industria artesanal, descentralizada, improvisada y personal; la realizan mejor grupos pequeños de gente con ideas afines, consagrada a su arte, celosa de su autonomía, sensible a las necesidades de los escritores y a los intereses diversos de los lectores”. Es decir, que ahora Epstein considera como un beneficio de la digitalización algo que antes identificaba como un atributo de la edición, la tradicional.

De editor a inversor de riesgo
La visión que tiene Jason Epstein del futuro de la industria del libro termina siendo idílica cuando éste afirma que en el “futuro” los editores incurrirán en costos mínimos y que, como ya viene ocurriendo, los pequeños editores se apoyarán en la tercerización de muchas actividades: gerencia, asistencia legal, administración, diseño, corrección, publicidad y más. Aunque la tercerización parece ser una estrategia adecuada para reducir costos atenta contra la seguridad laboral de los trabajadores de la industria editorial, y seguramente contra la calidad de la edición. Nuevamente lo dicho por los autores de Paradigma Libro, en Desempleo editorial y editores Tres-en-Uno, nos ayuda a entender lo que supuestamente se avecina: “Se observa también un fenómeno ciertamente curioso, sobre todo en editoriales pequeñas y que denominamos de «editor 3 en 1», aquél que piensa que sabe de todo y que lo puede hacer todo, por tanto, traduce, maqueta, distribuye, vende y casi hasta se compra a sí mismo sus propios libros”.
La tercerización puede ser racional pero no es razonable. Si en una editorial no se editan, corrigen y diseña los libros, ¿qué es lo que se hace? Quizás la respuesta esté en las palabras del mismo Epstein, quien habla de recurrir a inversores externos que financien los adelantos exigidos por agentes y autores. La editorial que no edite puede convertirse en una suerte de inversor de riesgo que, especializado en la industria editorial, se dedique a buscar autores en los que considere conveniente invertir, a la par que contrata los servicios de trabajadores editoriales autónomos.
Finalmente, si bien las predicciones de Jason Epstein sobre el futuro revolucionario de la edición pueden llegar a ser muy emocionantes, deben ser sopesadas con detenimiento. Si de todo lo afirmado por este editor hay algo de lo cual no se debe dudar es que las soluciones emergerán oportunamente en función de las necesidades y que en el presente no tiene mucho sentido tratar de describir cómo será un panorama que, de cualquier manera, será sumamente complejo.
Los editores tendremos que seguir atentos a los cambios, dispuestos a adaptarnos y, como siempre, ser un poco escépticos. Para que no se diga que Epstein no me agrada termino citando sus sabias palabras: “Un ejército regular vive en cuarteles. Los ejércitos de guerrilla viven en medio del pueblo que les sostiene y por el que luchan. Igual que nosotros, los editores”.

*Este texto fue publicado originalmente como un comentario en El ojo fisgón y como una nota en la página Sobre Edición de Facebook.

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