Entrevista a un editor: Ulises Milla, 1

26 Oct
El editor Ulises Milla. Foto: Beto Gutiérrez.

Ulises Milla, diseñar gráfico de profesión, es el Presidente de Alfa Grupo Editorial. Su vocación como editor la heredó de su abuelo, Benito Milla, y su padre, Leonardo Milla, ambos importantes editores con largas y exitosas trayectorias. Ediciones Puntocero es su proyecto más reciente.

Leroy Gutiérrez: ¿Qué motiva a alguien a invertir esfuerzo, tiempo y dinero en un negocio tan riesgoso como el publicar los libros de otros?

Ulises Milla: Me resulta difícil responder a esa pregunta porque he crecido entre libros y nunca me he preguntado en qué momento alguien, porque hubo un inicio y en este caso fue mi abuelo, dijo a partir de este momento me voy a dedicar a publicar libros. Yo lo he asumido de forma inconsciente. Sin duda, además de ser un oficio, de sentir un amor especial, un gusto por los libros y por todo lo que implican, uno busca una forma de ganarse la vida también. No me identifico con el editor romántico que anhela de forma consciente la trascendencia. Me haría muy feliz hacer un buen trabajo y dejar un buen legado. Pero vamos a estar claros. Esto se trata de lograr un equilibrio entre ganarse la vida y una actividad que tiene un prestigio enorme dentro de la industria cultural, pero que, ciertos grupos intelectuales insisten en desvincularlo de lo meramente comercial. De por sí, el oficio editorial es una actividad de alto riesgo financiero, pero un editor que no contemple el aspecto comercial de su oficio está destinado al fracaso.

LG: ¿En tu caso la enfermedad de publicar libros sería hereditaria?

UM: Por lo menos la naturalidad con la que lo he asumido. Yo vengo del diseño gráfico, que es como un desprendimiento de esta herencia o un primer intento de revelarme contra ella. Pasé 15 años diseñando libros hasta que finalmente caí en cuenta de que necesitaba abarcar todo el proceso: desde la selección del texto hasta su promoción y comercialización.

LG: En un clima de incertidumbre económica, como el que se vive en Venezuela, en el que las ventas en librerías no estimulan o justifican la creación de un nuevo sello editorial, ¿por qué crear una nueva editorial? ¿No es mejor importar libros de editoriales independientes de España o, incluso, de México?

UM: En primer lugar, siempre he preferido la edición a la distribución, es, obviamente, un proceso más creativo. En segundo lugar, la importación de libros, que es una actividad que la empresa familiar ha llevado a cabo durante décadas, en este momento, en Venezuela, es un proceso sumamente difícil, lleno de obstáculos. Así que no sé si importar sea tan fácil como históricamente lo fue o como lo es en cualquier otro país. En todo caso, Puntocero es un proyecto personal en el que se asume un riesgo con miras a tener éxito y demostrar una hipótesis que ha estado dando vueltas en mi cabeza durante los últimos años.
Y mi hipótesis con Ediciones Puntocero es que hay que aprovechar el momento que vive Venezuela, en el cual ha habido un crecimiento sostenido de la venta de libros gracias a que ha aumentado el núm
ero de lectores de autores nacionales. Me parece, también, que es un buen momento, pues hay una camada de autores emergentes a los que hay que darles un espacio, un territorio que no solo sirva de espacio de inspiración para ellos sino que atraiga la mirada de esos lectores también jóvenes, quizás, o interesados en la información y en el entretenimiento a través de otros canales. De unos lectores que se han alejado del libro porque lo sienten lejano, un objeto destinado a una élite sumamente culta. Perciben la lectura de libros con un ejercicio que te obliga a tener un bagaje de información enorme para poder decodificarlo a diferencia de lo audiovisual, de Internet. Pero creo que esto no debe ser así, que el libro es otro canal a través del cual circula la información que, por una sumatoria de malentendidos, se ha ido desvirtuando haciendo que unos potenciales lectores, potenciales consumidores de contenido se alejen. Para ellos las librerías se han convertido en espacios estáticos, una suerte de recintos privados en los que sólo entran unos pocos elegidos.
En el libro
Los bárbaros, un libro maravilloso, Alessandro Baricco dice que el gran cambio cultural en los últimos veinte o treinta años es lo que él llama “la invasión de los bárbaros”, y asegura que esa mutación cultural significa hoy que un libro se puede decodificar sin haber leído otros libros. En realidad él se refiere a que esto viene ocurriendo desde hace ciento cincuenta años, pero que es un proceso que culmina ahora cuando el libro se convierte en un nodo más de una gran secuencia que ni empieza ni termina en el libro, una secuencia de conocimiento que pasa por él. Baricco dice que hace poco, quizás unos cincuenta años, para decodificar un libro hacía falta haber leído previamente una gran cantidad de libros, pero hoy no. Para Baricco el primer ejemplo de esa transformación es El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Ahora un libro se decodifica apelando a códigos que están fuera de los libros. Por ello, nunca se ha publicado más que ahora, a pesar de que existe una opinión generalizada según la cual los libros se leen menos y cada vez hay menos lectores en el mundo. Claro, no sabemos si efectivamente todos los que compran libros los leen, pero en todo caso se publica mucho más.
Y Puntocero se acopla a esa teoría, como docena de casas editoriales, que ya lo hacen arrastradas por esa tendencia. Es un gran ensayo, no hay estudios de mercado ni mucho menos, pero tenía unas
intuiciones que parecían razonables llevarlas adelante y concretarlas en este momento.

LG: Si ya no se piensa en el libro como en un objeto sagrado sino que se trata de acercarlo a los lectores, que esté conectado a otros canales, a otras fuentes información, ¿cuál es el primer paso para elaborar un libro?

UM: Sin duda entender el libro, como dice Baricco, como lo hace un bárbaro. Entender el libro como un nodo, como un punto dentro de una secuencia más larga. Percibir conversaciones que flotan en el ambiente, que eventualmente prenden luces de alarma que indican que por allí van los tiros, que insertar un libro dentro de esa discusión es útil, importante, porque el libro permite reflexiones de largo aliento sobre un tema cualquiera, permite un nivel de profundidad que otros formatos, como la televisión o Internet, no.
Yo me encuentro permanentemente buceando en el gran océano de la información y muchas veces, sin pensarlo, veo un libro,
una noticia, un video y digo aquí hay algo, aquí es donde un libro puede entrar a formar parte de esa secuencia más larga de la que habla Baricco. Por supuesto, existe otro input que es la iniciativa de los autores que envían propuestas, entre las que, como siempre, hay unas que funcionan y otras que no.

LG: Eso quiere decir que Ediciones Puntocero está abierta a revisar propuestas de autores.

UM: Sí, aunque no es la tendencia actual. Ahora las editoriales ni siquiera se comprometen en ofrecer una respuesta, pero lo entiendo porque es difícil. Pero nosotros sí vamos a recibir propuestas, a través de Internet sobre todo. Y no exagero si te digo que desde el viernes pasado [día de la presentación de los cuatro primeros títulos] a hoy miércoles hemos recibido seis propuestas.
A veces manejar el volumen de origin
ales se hace complicado. Esto requiere de mi tiempo o el de un lector. Aunque a veces uno sabe con cierta rapidez que el proyecto no tiene cabida dentro de la editorial, hay otras veces que exige una lectura completa y un pequeño trabajo de edición. En cualquier caso la parte de recibir originales me parece interesantísima, me produce mucho entusiasmo. Cuando reviso originales siempre pienso que voy a descubrir algo bueno y no tanto porque vaya a ser un bestseller sino porque, coño, es una vaina buena, una sorpresa escondida de algún escritor desconocido que se animó a mandar su obra única, sueño con encontrar La conjura de los necios


LG: Se dice que gracias a los libros de ideología de izquierda que Penguin publicó durante los años cuarenta en Inglaterra los laboristas ganaron las elecciones después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Crees que los libros de Ediciones Puntocero puedan contribuir a la formación de los lectores de una manera tan decisiva?

UM: Eso como propuesta promocional es maravilloso. Si yo hubiese sido Allen Lane, el señor Penguin, estaría feliz de leer que alguien, en algún lugar del mundo, hace una pregunta cómo esta. También se trató de un momento en el que no había tantos canales de información, así que puede que el libro tuviera una influencia mucho mayor, más contundente, aunque esa aseveración me parece arriesgada y creo que imposible en un mundo como el de hoy.
El día de la presentación de los primeros
títulos de la editorial dije que la forma en que yo concibo a Ediciones Puntocero y a los autores emergentes es que si bien están fuertemente conectados con una forma de creación como la literatura, hay un pragmatismo detrás, una búsqueda de lectores, la humildad necesaria para entender que los García Márquez o los Paul Auster son excepciones a la regla. Basta con visitar Guadalajara para entender lo minúsculo de nuestra propuesta. Estos no son libros, a diferencia de los de Penguin, que pretenden cambiar el mundo. Si acaso el editor y los autores, hablando en nombre de estos, pretendemos que estos libros cambien, ya no la vida, sino unos cuantos días, un pedacito de la vida de un lector. Esto sería suficiente para sentir que hemos cumplido nuestro cometido. Nuestra idea es desacralizar al libro, en su función de objeto revelador, que alumbra los colectivos, las masas, a las gentes. Ojalá hubiera un libro que pudiera modificar el comportamiento de un colectivo entero. Pero a estas alturas yo no lo creo posible, por lo menos no desde un país latinoamericano. Como editor yo estaría conforme con que nuestros libros ofrecieran una perspectiva novedosa sobre algún tema y unas buenas horas de lectura.

LG: ¿Qué es un manuscrito de buena calidad?

UM: A mí me cuesta responder esa pregunta que tiene un perfil técnico. Me cuesta responder porque Ediciones Puntocero es un proyecto personal y todo lo que diga será absolutamente subjetivo. Yo elijo los manuscritos sentado en la butaca del lector, elijo los libros promediando mi experiencia como lector con la del que los leerá.

LG: Digamos que en edición, al final de cuentas, la gran estrategia es prestarle atención a las buenas prácticas: qué han hecho los demás, qué ha funcionado y qué puedas replicar de la mejor manera posible, porque al final no hay un manual.

UM: ¿Qué es un manuscrito de buena calidad? Un texto que leas y digas esto hay que publicarlo sin pensarlo dos veces.

LG: Pero tú debes tener algunas pautas para definir la calidad, lo que cabe y lo que no dentro de Ediciones Puntocero.

UM: Puntocero tiene otra particularidad, que también es experimental, que es que va a publicar en una serie numerada y continua ficción y no ficción aleatoriamente. Los libros tienen una identidad visual bastante clara pero tienen una pequeña diferencia tipográfica y de diseño que distingue a los de ficción de los de no ficción. Además tienen un color distintivo en el lomo y en el retiro de la portada, en el caso de los libros de no ficción es cian y en el caso de los de ficción es magenta. ¿Por qué? Porque es la manera como hoy nos relacionamos con el contenido. Y cuando digo contenido trato de abarcar ficción, no ficción, entretenimiento, periodismo, todas las áreas temáticas que se te ocurran.
Ayer fui a una emisora de radio y, mientras esperaba a que me entrevistarán, observaba cómo en el estudio había un televisor trasmitiendo un juego de beisbol que el locutor miraba, mientras que la productora veía en la pantalla de su laptop la primera página de un periódico que tenía una noticia sobre el presidente Chávez, a la par que estaban los libros de Puntocero sobre una mesa y todo en un espacio de un programa radial dedicado a la literatura. Esa es la forma en que nos relacionamos con la información, fragmentariamente, en ventanas. Y es la forma que ya nos resulta natural.
Por eso la visión de colecciones temáticas y
a no tiene sentido si pensamos en esos nuevos lectores ávidos de información. Los norteamericanos, como en muchas cosas, se dieron cuentan de que esto va por ahí, hay ficción o no ficción, que empezar a definir por temas da para infinitas colecciones: epistemología, psicología, narrativa, poesía, etc.
Un poco la propuesta de Puntocero es esa, pensar la creación literaria como un todo. Después marcamos la diferencia en tapa para que en el momento en el que tengas el libro en la mano sepas de qué va, si es ficción o no ficción. Ahora, la aproximación que me gustaría que tuvieran
los originales publicables es esta forma de entender la vida, el mundo de la creación y, particularmente, el mundo de la literatura, cómo te conectas con la literatura y los temas que abordas.
Por ejemplo, en el libro
‘A ese infierno no vuelvo’, un libro sobre las cárceles en Venezuela, hay una visión, una intención de indagar en nuestra contemporaneidad. Es perfectamente un libro universal, en términos regionales, porque la violencia, desgraciadamente, es un tema universal. Es un libro que puede interesar en México, en España, incluso en Canadá y, por qué no, en Corea. Más allá de que Venezuela se haya convertido en noticia por razones políticas. Así que volviendo a la pregunta, es bueno que las fronteras se puedan mover. Se puede tener un perfil definido que nos orienta en la búsqueda, pero es importante ser flexible, invadir algunos terrenos y retroceder, entrar en otros y así, con la curiosidad como premisa fundamental. Salir de los compartimientos de la colección, tocar de todo un poco, siempre y cuando lo que esté detrás sea una visión cosmopolita en el sentido más metafórico. Un mundo global bien entendido, donde lo local juega un papel primordial a la hora de analizar nuestra contemporaneidad.

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