Editorial Candaya, 2/4

26 Jul


Leroy Gutiérrez: ¿A qué se debe que estos escritores no se conozcan en España ni en sus propios países? ¿Es responsabilidad exclusiva de los lectores o también es responsabilidad de los editores en sus países?

Paco Robles: Creo que, en primer lugar, después del Boom hay un cierto hartazgo.

LG: ¿De lo latinoamericano?

PR: Sí, porque es bueno el Boom pero los sucedáneos que van viniendo después no son tan buenos. Hay un cierto hartazgo por un lado. Por otro lado, está la política de las grandes editoriales. Alfaguara, por ejemplo, tiene Alfaguara Argentina, Alfaguara Venezuela, Alfaguara no sé qué y no publica un escritor venezolano o argentino en España si no cree que va a tener un éxito glamoroso. En cierta manera lo está secuestrando porque firman un contrato de estos reservándose los derechos para todo el mundo y lo publican aquí solo (en Venezuela). Por ejemplo, nosotros queríamos publicar a Juan Villoro, porque tiene un libro maravilloso Palmeras de la brisa rápida, y que a nosotros nos interesa mucho pero no, Alfaguara tiene los derechos para todo el mundo y no nos lo da. O sea está evitando que se publique en España.

Olga Martínez: Durante el Boom fue cuando realmente toda la generación de grandes escritores españoles de esa época aprendió de los grandes escritores latinoamericanos, es decir la literatura contemporánea en España sería muy distinta sin Borges, sin Cortázar, sin García Márquez, sin Vargas Llosa. Durante los años 60 y 70 sólo se leía en España a autores latinoamericanos. Entonces, ¿qué pasó? Como las grandes editoriales sólo apostaron por los remedos del Boom, la gente, el lector medio, no el más informado, asoció literatura hispanoamericana con Realismo Mágico. Entonces se produjo el hartazgo porque estamos hablando de escritores como Isabel Allende, Laura Restrepo, Ángeles Mastretta, escritores, a mi entender muy menores. La gente asociaba literatura hispanoamericana con esos autores. Sin entender que había escritores avanzadísimos y muy renovadores. El caso de Piglia es clarísimo, Piglia entró muy tarde a España.

PR: Y luego ya con Bolaño pues…

OM: A Bolaño le costó mucho entrar. Ahora se están introduciendo escritores como Juan José Saer, pero todo esto fue muy tardío porque la gente asociaba literatura hispanoamericana con esos malos remedos del mundo de García Márquez, por simplificar un poco. Y eso era un poco culpa de las editoriales, era una lectura fácil, se vendía, era lo que Alfaguara llevaba a España. El caso de Sergio Chejfec, a quienes estamos publicando ahora, es un caso muy claro. Si vas a Argentina allí Sergio Chejfec es un autor de culto, absolutamente de culto. Beatriz Sarlo, que es la pope de la crítica latinoamericana, dice que el único proyecto de la literatura argentina contemporánea que le interesa es el de Chejfec. Pero, claro, Chejfec es, será siempre, un autor minoritario, en Argentina también. Es un autor muy importante para quien lo lee pero nunca será un autor de masas por el tipo de literatura que él hace: muy reflexiva, muy ensayística. Unas novelas muy buenas, pero muy difíciles. Entonces, eso para una editorial como Alfaguara no es una apuesta como para llevarla a España. ¿Qué ha tenido que hacer Chejfec? Decirle a Alfaguara: “bueno, o tengo mis derechos libres para publicar en España o me voy de Alfaguara”. Alfaguara accedió a publicarlo en Argentina y a que una editorial como Candaya, que a él le gustó por su línea, por su manera de tratar los libros, lo llevara a España. Eso es un poco indicativo. Y como esos autores minoritarios y muy buenos no llegaban, había una asociación con ese tipo de autores. Y, pues claro, a la gente le gustaba leer literatura norteamericana o alemana. Pero nosotros, que nos movemos con los escritores innovadores, tratamos incluso de hacerles ver a nuestros escritores que tan innovadores o más que muchos norteamericanos son algunos autores latinoamericanos que no han llegado a España y que no se conocen. Por ejemplo, a mí Chejfec o Victoria de Stefano me parecen de una modernidad absoluta, de una originalidad impresionante. Pero es que esos no llegaban a España. Un poco ha pasado eso. Ahora, poquito a poquito, creo que va cambiando el panorama. Aira, Piglia, los grandes autores innovadores han llegado muy tarde y a la gente le costó un tiempo aceptarlo. Se tenía el hábito de que la literatura innovadora se hacía en Alemania, en Francia y en Estados Unidos.


PR: Creo que a partir, especialmente, del impulso que da Bolaño y al que también se apuntan una serie de escritores que coinciden en España, como Villoro, Fresán, Castellanos Moya y otros, que revitalizan todo eso.

LG: ¿Dirían que los mismos editores hipotecaron su futuro, quemaron la posibilidad de que los lectores siguieran interesados en la literatura latinoamericana?

PR: Creo que sin duda es una de las causas.

OM: Es que también depende mucho del país. Por ejemplo, la literatura argentina tiene bastante presencia en España porque ha sido un país, desde hace muchos años, de exilios. Primero de exilios políticos, luego, en la época del “corralito“, de exilios económicos. En cambio la literatura venezolana es una literatura especial. Es una literatura que no ha tenido exilios en la época de las dictaduras del Cono Sur. Ha sido un país, hasta hace muy pocos años, con una producción editorial potente. En cambio, un autor paraguayo, un autor costarricense o publicaba afuera o no existía. En Venezuela había sellos editoriales importantes, los escritores tenían una vida interior, no tenían la necesidad de buscar editoriales fuera.

PR: En el caso de la literatura venezolana esas serían causas importantes. Aunque también lo de los editores. País por país, si vas analizando, hay causas que justifican porqué ciertos autores no llegan a España. En el caso de Venezuela coincido con lo que dice Olga, no ha habido necesidad de un exilio.

OM: Eso también ha ido cambiando, ahora hay un grupo importante de escritores venezolanos en España. Como Juan Carlos Méndez Guédez, que quizás es más conocido en España que en Venezuela. Por primera vez se ha publicado un libro suyo en Venezuela pero casi toda su producción la tiene fuera. Otro es Juan Carlos Chirinos. También está un escritor, amigo nuestro, que lo seguimos con mucho interés, Doménico Chiappe. Ahora sí se comienza a ver a escritores venezolanos que, por razones diferentes, viven fuera de Venezuela. Curiosamente algo tan terrible como el querer irse de un país termina siendo bueno para el conocimiento de su literatura. El mundo tiene esas paradojas.

LG: Si yo soy un escritor latinoamericano y firmo un contrato con cualquier editorial, ésta asume que yo firmaré el contrato cediendo los derechos de explotación comercial de mi obra para el mundo entero. ¿Cabe la posibilidad de que ello cambie? ¿Es posible que a una editorial independiente como Candaya le interese firmar un contrato con un autor que no ceda los derechos de su obra para todo el mundo?

PR: Para nosotros, la verdad, con los escritores nuevos, con los que nos arriesgamos y con los que nos la jugamos deben estar dentro de las condiciones del contrato de publicación que los derechos sean para el mundo entero.

OM: Es que cuesta mucho el hacer visible a un autor joven. Entonces uno también confía trabajarse. Nosotros hacemos las traducciones, que te ayudan a recuperar la inversión que haces, lo cual es importante. Otra cosa es ya un escritor consolidado, por ejemplo Chejfec, que contratas su obra solo para España. Si es un escritor totalmente desconocido…

PR: Es una aventura, como decir “vamos a triunfar o vamos a triunfar”.

OM: Es una apuesta que hacemos juntos.

PR: ¡Hombre!, es que tiene muy poca gracia que si nosotros nos la jugamos a muerte con Agustín Fernández Mallo y Nocilla dream, nos arriesgamos con él cuando nadie la ha querido luego se vaya con Alfaguara Argentina o Mondadori no sé cuál…

OM: Desde el principio el escritor quiere un poco tomar parte de la difusión de su obra y creo que hasta es bueno para él. Si el autor tiene los contactos… Pero en el caso de Nocilla dream que tiene muchas traducciones, nosotros hemos batallado en esas traducciones mucho. Si se trata de autor del que no tenemos todos los derechos. Por ejemplo a Chejfec le han salido muchas traducciones, nosotros contentos pero no ha sido trabajo nuestro.

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Una respuesta to “Editorial Candaya, 2/4”

  1. Anonymous 16/12/2009 a 10:38 am #

    es un rollo…

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