La crisis aviva la edición

24 Abr
Foto: squacco.

Así como el optimismo puede vencer la voluntad de muchos, el pesimismo puede seducir la inteligencia de otros gracias a la misma promesa: la ilusión de la certeza. Cuando reina la incertidumbre lo más sencillo es cobijarse bajo alguna certeza y quedarse allí a esperar a que pase el temporal. Una de las certezas “clásicas” es que todo tiempo pasado fue mejor, la creencia en la existencia de una edad dorada (aurea aetas) cuando todo era perfecto, funcionaba bien o, por lo menos, era mejor que en el presente. Esta certeza está asociada con la nostalgia por una época que cuando se fue se llevó todo lo bueno.

Los editores no son inmunes al deseo de seguridad ni, mucho menos, a sentir nostalgia por una edad dorada del libro y la edición. En esta edad dorara habría lectores por doquier, no existirían la radio, la televisión, los videojuegos y, claro, Internet, Google y el Kindle. También se tendría muchas ganancias sin tanto esfuerzo. Lo cierto es que esto es mera ilusión y que los editores siempre han tenido que luchar mucho y afrontar permanentemente la crisis. Así lo señala dice el escritor y editor Hubert Nyssen en su libro La sabiduría del editor:

No, la figura tutelar del editor, según el modelo que entendía entonces e iba descubriendo, no habría hecho su aparición sino mucho más tarde, en la era romántica. Ayer, o anteayer, como mucho. Y más aún, iba descubriendo que la “crisis de la edición”, presentada tan a menudo como una plaga de nuestro tiempo, estaba realmente presente en esa época en la que la función editorial había parecido establecerse con profunda claridad. Porque los métodos y las reglas que esos primeros editores habían bosquejado, eran los que iban a suscitar poco a poco la codicia de aventureros e inversores menos afanosos en la creación literaria que en la constitución de las ganancias. Fue así como, en el momento en que al fin me había convertido en editor, había entrado sin saberlo en el proceso de esta crisis. Ahora sé, y lo digo a aquellos que quieran lanzarse a la aventura, y a los que nunca desanimo: entrar en la edición es como entrar en la crisis. Y está muy así. La crisis aviva la edición.

Y el que no le quiera creer a Nyssen y piense que exagera, puede leer Encyclopédie, de Phillipp Blom, y sorprenderse con todos los obstáculos: persecución, prisión, falta de recursos, que tuvieron que salvar los legendarios Diderot y D’Alembert, unos auténticos editores en tiempos de crisis, para editar y publicar la mítica enciclopedia. Entonces, ¿la industria está atravesando una verdadera crisis o se trata de gajes del oficio?

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