La inteligencia artificial y los libros

27 Mar


A computer would deserve to be called intelligent

if it could deceive a human into believing that it was human.(*)

Alan Turing

¿Las máquinas pueden llegar a ser inteligentes? Hasta ahora no han demostrado serlo más que los seres humanos que las han creado. Y quizás allí radique la falla en el intento por recrear la inteligencia humana. La inteligencia es, grosso modo, un proceso mediante el cual los humanos interpretamos la información que recibimos y, con base en ésta, tomamos nuestras decisiones, acertadas o no. Se trata de un proceso altamente complejo que, tal parece, varía en estructura, velocidad, eficiencia y hasta color de un humano a otro.

Gracias a Internet se comenzó a pensar que la inteligencia, además de transplantada a las máquinas, puede residir también en las redes o sociedades de usuarios que se han conformado en torno a las tecnologías de la comunicación, manifestándose así una “inteligencia colectiva”.

Algunos como Kevin Nelly han afirmado que el futuro del libro dependerá de esta inteligencia colectiva, superior como un todo a la suma de las inteligencias particulares (y humanas). Otros, como Mike Shatzkin, han aconsejado que los editores reconsideren el tipo de libros que publican y la forma en que los promocionan dada la importancia que estas redes han alcanzado. Las redes sociales crecen, y aumenta en ellas el público potencial, mientras las librerías decrecen junto con sus visitantes y clientes.

Todavía ni las máquinas ni las redes sociales han demostrado ser iguales o más inteligentes que un ser humano (saludable y con una formación sólida) a la hora de entender y apreciar el arte. Por ejemplo, Gnod, un “experimento en el campo de la inteligencia artificial”, que se vale, al parecer, de un algoritmo para hacer “recomendaciones” a los usuarios sobre música, libros y películas, no es muy inteligente que se diga.

Cuando se selecciona en Gnod books la opción Gnod’s suggestions y se coloca en las ventanas el nombre de tres autores que le gustan al usuario se supone que el motor de búsqueda establecerá una serie de correlaciones y ofrecerá el nombre de un cuarto autor que también pueda gustarle. Ahora bien, si se introducen los nombres: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Jorge Luis Borges, el motor de búsqueda da como resultado a Jaime Bayly. Analizado el mecanismo que haya producido semejante “recomendación” parece evidente que se estableció una relación espacial (país, región). Para corroborar esto, se sustituye a Vargas Llosa por otro escritor peruano como Santiago Roncagliolo, y, oh sorpresa, el resultado sigue siendo el peruano Jaime Bayly. Si se juega con otros nombres y se aplica la misma estrategia, el resultado será de la misma naturaleza.

Si las máquinas no llegaran a ser inteligentes y las redes sociales no superan el IQ de cualquier transeúnte, ¿cuál será el futuro del libro? Seguramente en donde siempre ha estado, entre los lectores solitarios, silenciosos y caprichosos.


* Una computadora merecería ser llamada inteligente si pudiera engañar a un ser humano haciéndole creer que ella es humana.

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