Algunas ideas para diseñar una colección o una serie

2 Feb

Para Matías Sapegno



Dar con unos criterios que puedan ser empleados para el diseño de una colección o una serie dentro del catálogo de una editorial no es cosa fácil. Se supone que aspectos como el género, el tema y la línea editorial determinan las características de toda colección o serie. Pero, desde el punto de vista de un editor, las exigencias a las que hay que enfrentarse, no importa el libro, siempre son las mismas. Así que si se piensa en las tareas que se deben cumplir, y los obstáculos que se enfrentan para ello, entonces, sí existe un buen número de normas que se pueden seguir para realizar la labor de la mejor manera.


1. ¿Hay lectores allá afuera?

Para la pregunta qué tipo de libros publicar en una nueva colección o serie hay muchas respuestas. Desde el punto de vista del mercadeo, los libros de la nueva colección o serie deberán diferenciarse de otros similares o que pertenezcan a la misma categoría que se encuentren en el mercado. De otra manera, la nueva colección o serie no llamará la atención de los lectores e independientemente de su calidad los libros no se venderán. Por ejemplo, lanzar una colección de literatura que posea un atributo diferenciador es harto difícil (hay cualquier cantidad de editoriales y colecciones literarias), por lo que habría que buscar un nicho vacío, como el de la literatura nórdica descubierto y ocupado por la editorial Nórdica.

Desde el punto de vista editorial, los libros de la nueva colección o serie podrán satisfacer las necesidades manifestadas por los lectores (autores, géneros, temas, enfoques, etc.) o, eludiéndolas en cierta forma, sorprender a los lectores revelándoles nuevas necesidades hasta ahora desconocidas por ellos.

Cualquiera que sea la respuesta que el editor encuentre para la duda sobre qué publicar, lo cierto es que tendrán que ser libros que sean editados pensando tanto en un lector ideal como en una situación de lectura* igualmente ideal.



Los lectores saben que hay demasiados libros, que los tuyos no se lo recuerden.



2. Dime con quién trabajas y te diré cómo editas

Aunque hay muchas editoriales unipersonales, no hay nada mejor que contar con unos buenos colaboradores. Los primeros, por estar en la primera línea de combate, son los lectores. Tener el apoyo de unos lectores con criterio en los que se pueda confiar a la hora de evaluar un texto no tiene precio. Estos son los ojos del editor quien nunca podrá leer todo lo que llega a sus manos. Incluso si se trata de una editorial pequeña, con una producción igualmente pequeña, la visión del editor y, por tanto, su propuesta editorial, representada por una colección o serie, será más rica si tiene la oportunidad de recibir las recomendaciones de lectores habituales, especializados en determinado tema y, sobre todo, avispados.

Los segundos, una vez aprobado el manuscrito, son los correctores. Si los lectores son como ojos para el editor, los correctores son sus manos. Con unos buenos correctores jugando a su favor, el editor podrá solventar la mayoría de los errores o inconsistencias de un texto con un uso apropiado de los recursos. Esto quiere decir que si el editor y sus correctores tienen una buena comunicación (y han acordado algunas pautas de trabajo) estos sabrán exactamente qué espera el editor de ellos y se ahorrará tiempo y esfuerzo de parte de todos.



Elige bien a tus colaboradores, a menos que tú quieras hacer solo todo el trabajo.



3. Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija

Tras la invención del papel, de la imprenta, de los libros de bolsillo y el libro electrónico, ya no es mucho lo que queda por inventar en la edición de libros (o eso parece). En cualquier caso, nadie le exige a un editor que la colección o serie que está por publicar revolucione la concepción que tienen los lectores del libro. Más bien se espera que cualquiera de éstas satisfaga las expectativas y necesidades de los lectores, hasta la de ser sorprendidos. Y dado que a lo largo de unos cinco siglos de historia del libro ha habido grandes editores, maravillosos sellos y excelentes ideas, un editor debe conocer esas referencias y estar en capacidad de adaptar algunas de ellas para la edición de sus libros. Eso sí, no es válido plagiar la idea de otro, no importa que ya esté muerto, siempre se debe reconocer el mérito ajeno**.



Inspírate pero no plagies.



4. Viviendo en la cuerda floja

Lo han dicho importantes editores que han trabajado en distintos mercados editoriales. A menos que se tenga un título nobiliario, como recomendaría Mario Muchnik, se debe procurar que los títulos del catálogo, la colección o la serie que se publica oscilen entre libros comerciales y no comerciales si se quiere que el proyecto sea económicamente viable. Aunque en qué consiste esta distinción entre libros no comerciales y libros comerciales. Seguramente no hay una definición ortodoxa para estas categorías, pero lo que se oculta detrás de éstas es una pretensión. Por una parte está la pretensión de que determinado título se venda mucho y más que otros similares debido al renombre de su autor, la notoriedad del tema o algún otro elemento que lo haga llamativo para la mayor cantidad de gente posible. Lo más críticos (o cínicos) dirán que no importa que el libro esté mal escrito y su autor sea un farsante. Por otra está la pretensión de que se reconozca, por lo menos, el valor del libro por los aportes que hace a la cultural, por lo menos la de un momento dado, pues éste no tiene brillo comercial. Es decir, es uno de esos que no basta con comprarlo sino que hay que leerlo.

No obstante, hay sellos, colecciones o series no comerciales también editados y con un público, aunque escaso, tan bien definido que terminan siendo económicamente viable, aunque no en los términos de los conglomerados internacionales.



Si no eres un aristócrata, entonces mantén el equilibrio entre lo no comercial y lo comercial.



5. No es personal

Sin dejar de tener en cuenta la edición “sí” de Giulio Einaudi, un editor debe aprender a administrar el “no”. Un editor debe saber decir no a los autores recomendados por los amigos que no saben de libros, a los textos cuyo éxito depende de algún evento pasado o por pasar y, especialmente, a aquellos originales que deben ser sometidos a grandes intervenciones (por el editor y el corrector) y a largas transformaciones (eliminación de pasajes, reescritura, etc.) para que se conviertan en libros de mediana calidad.

No existe una relación directamente proporcional entre la calidad de un libro y el esfuerzo realizado por el autor, el editor, el corrector, el diseñador y el impresor en su elaboración; el trabajo puede ser titánico y el resultado de poca calidad. Como recomiendan los que saben de gestión de proyectos, el mayor esfuerzo se debe realizar al principio, en el caso de la edición de libros, al momento de seleccionar y evaluar un original que se espera que forme parte de una colección o una serie.



Conserva la sensibilidad y aprende a vivir con su aparente pérdida.



6. Diciendo siempre la verdad

No importa qué tan llamativo sea su nombre, cuán bellas sean sus portadas, ni cuanto ruido se haga a la hora de su lanzamiento, la calidad (como su éxito) de una colección o una serie dependerá del contenido de sus libros. Y, como en casi todos los casos, el o los libros deben cumplir con lo que prometen. Tanto si se trata de los manuales más prácticos y fáciles, como de las mejores novelas contemporáneas.

No hay mejor manera de perder lectores, que venderles el libro que no querían.



Pocos compran una promesa, nadie volverá a comprar un libro de un editor deshonesto.



*Según el tipo de libro habrá una situación ideal para su lectura en la que se obtendrá el máximo provecho de éste.

**Los libros y el mundo editorial es una fuente inagotable de inspiración, pero el resto de las manifestaciones culturas también lo es, sino que le pregunten a Benedikt Taschen.

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