Palabras editoriales*

4 Nov

Hace unos días leí una entrevista que le hacían a un ejecutivo de los estudios cinematográficos Universal. Decía que Hollywood había estandarizado los gustos a nivel mundial, entonces una misma película hecha en Estados Unidos tenía más posibilidades de recaudación en una diversidad de países. Hacía la salvedad con India y Corea, donde reconocía que les costaba vender entradas.

Y este hombre iba más allá. Decía que hacer una mega producción, como el Hombre Araña o La Momia, era mejor que hacer tres películas caras, porque aunque había que invertir mucho más, los montos de las ganancias eran muchísimo mayores.

Algo así pasa con los libros. La concentración del negocio editorial hace que se busque un libro que le guste a todos. Y acá aparece un concepto del que últimamente se está hablando: la biblio-diversidad. Se supone que las editoriales chicas e independientes contribuimos al mantenimiento de esa biblio-diversidad, a diferencia de lo que hacen los grandes grupos. Mientras las editoriales chicas se arriesgan por propuestas novedosas y diferentes, los grandes grupos publican lo que creen que está probado, la fórmula que les permitirá ganar plata segura: autoayuda gerencial, libros de personajes de la tele y enigmas religiosos.

Por eso creo que somos necesarias. Porque aportamos matices, cosas distintas, planteamos temas que por ahí les interesan a pocos, pero que no por eso son menos importantes. Ésa es nuestra táctica de supervivencia, hacer libros no para ser promocionados a toda página en los suplementos literarios, sino libros para ser buscados. Publicar autores y temas que pesen en el estante de una biblioteca. Ése es el desafío, no siempre se logra.

¿Y qué hace una editorial? Una editorial toma un texto que considera valioso y le crea su microcosmos, con sus líneas, su organización, su ambiente; lo corrige, lo zarandea un poco, lo poda, lo estira. Y banca al autor, se compromete con un autor y lo publica porque confía en que ahí afuera hay 100, 200, 500 personas que quieren habitar en ese libro durante un tiempo: Viajeros-lectores que se queden con ganas de volver.

¿Y por qué editamos? Por el miedo al vacío, porque queremos poner en negro sobre blanco algo que creemos que aún no existe y que merece ver la luz, que es necesario que vea la luz… puede ser un punto de vista, una investigación, una forma de contar la vida. Y también por el orgullo, la vanagloria de ser el primero en publicar algo valioso.

Por eso creo que las editoriales chicas somos necesarias, porque –usando una expresión muy linda de Miguel Hernández– buscamos darle una solución hermosa a la vida.

Matías Sapegno

La Pampa, Argentina

Pobresideas



*Palabras pronunciadas en el marco del evento “Editoriales pampeanas: una fuerza en crecimiento”, organizado por la Subsecretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.



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