Editores: absurdos e incomprendidos

30 Ago

Pautas para la realizacin y entrega del anteproyecto editorial

Foto: Midnight-digital.



El escritor Javier Marías, a partir de la “absurda aventura” emprendida con su proyecto editorial Reino de Redonda, hace una valoración interesante sobre la labor, la calidad y el éxito editorial. Si bien Marías siente empatía por los editores, no deja de emitir juicios que hacen pensar que el escritor no entiende del todo el trabajo de estos, a pesar de fungir de editor –aunque más bien suena como “socio capitalista”– de una editorial literaria.

El novelista arranca su artículo diciendo:

Así como cae dentro de lo muy previsible que un editor acabe desesperándose al ver durante años cómo sus autores se llevan la mayor porción de gloria y de fama –que no de dinero–, y se lance a escribir, preferentemente memorias ensimismadas o viñetas de los escritores que lo hicieron rico, es mucho más raro que un novelista se meta a editor…

Es indudable que Marías piensa como escritor y considera que la escritura es un acto que todos aspiran realizar en algún momento de la vida, sobre todo si se trata de gente que se dedica a publicar los libros de otros. Sin embargo, la gran mayoría de los editores se muere sin haber publicado un libro, lo que no quiere decir que no hayan escrito o reescrito mucho de lo que publicaran. No es falta de talento o una vocación frustrada lo que impulsa a un editor a publicar libros, es más bien el deseo de compartir con otros aquellas lecturas que ha disfrutado, ese conocimiento que, por valioso, considera que debe ser transmitido. La posibilidad de hacerse rico, meta que casi ninguno logra, tampoco es una motivación para publicar libros.

Igualmente, Marías reconoce lo arduo del trabajo del editor, pero tiende a sobrestimar los recursos con los que se cuentan cuando dice, refiriéndose a la actividad de Reino de redonda:

Sólo dos libros al año, a lo sumo tres, como he dicho. Y sin embargo cada uno lleva tanto trabajo –sobre todo a la encargada de la edición– que ahora admiro a los editores mucho más que antes de iniciar esta absurda aventura, que desde luego trae más sinsabores que ser autor. ¿Cómo es posible que algunos saquen ochenta o cien títulos anuales, si aspiran a hacerlo bien? Claro está que la mayoría cuentan [sic] con equipos nutridos, plantilla fija y numerosos colaboradores externos a los que suelen explotar a fondo.

En la industria editorial no abundan ni los “equipos nutridos” ni la “plantilla fija” y, mucho menos que menos, “numerosos colaboradores externos”. A pesar de que generalmente cuando los hay es cierto que se les trata de exprimir todo lo que den. Pero si en algo no se equivoca Marías es que dada la calidad de los ‘productos podridos’ que se publican parece que muchas editoriales desperdician los recursos de los que disponen.

Quizás el momento en que Marías está más cerca del sentir de los editores es cuando se queja de que los medios no reseñan los libros que publica, no importa que se trate de “rescates fundamentales de autores fundamentales (…) o que suelte textos interesantísimos desconocidos en español”.

¿Absurda aventura la de editar libros? ¿Son imcomprendidos los editores? Kevin Johansen respondería: “Podría ser vos, podría ser yo/ Incomprendidos somos todos”.

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4 comentarios to “Editores: absurdos e incomprendidos”

  1. Javier Cantalapiedra 31/08/2008 a 10:22 am #

    En mi opinión, no creo que una persona se meta en este oficio, con lo que cuesta, para ser el centro de atención de medios y focos. Entiendo que su objetivo es más bien fijar su propio control de calidad a la obra que se va a publicar. Dicho de una forma más prosaica: que el original se transforme en un producto completo y redondo, que en definitiva pueda venderse dentro de una categoría u otra. Creo que ese comentario tan manido de que “el editor es un escritor frustrado” se cae de su propio peso. Simplemente se coloca del otro lado, aunque comparte el mismo fin que no es otro que la publicación. Pero no de cualquier manera, o eso debería ser así. De ahí “los equipos” nutridos y los colaboradores externos explotados al máximo.

  2. Leroy Gutiérrez 31/08/2008 a 9:06 pm #

    Los editores sabemos la verdad. Pero para los que no son editores bastaría con que se preguntaran a cuántos editores conocen y, de ser la cifra mayor que cero, cuál de ellos es rico y famoso como resultado de su trabajo.
    ¿Editor igual a editor frustrado? Debe haber alguno, como algún quiropráctico que sea un médico frustrado, pero no se trata de ninguna regla ni de una cualidad necesaria para el trabajo.
    Y estoy de acuerdo contigo, el editor es aquel (o aquella) que con aplicando un criterio (riguroso, si se puede) se encarga de darle forma de libro a un texto, a unas imágenes o a cualquier material que considere lo suficientemente bueno como para ponerlo a disposición de otros.

  3. Juan Miguel Marthans 02/09/2008 a 4:16 am #

    El ser editor es algo muy diferente a ser escritor, son dos trabajos que por más que puedan parecer similares (para muchos), no lo son.
    Recuerdo desde siempre escuchar que el editor es un escritor frustrado, pero sabemos bien que no lo somos (aunque sí podría haber algunos, como quizás podría haber escritores que sean editores frustrados).
    Por otro lado, son quizás trabajos que de llevarse de manera paralela podrían ser incompatibles ya que el editor entrega a sus autores cosas muy propias de él, y al querer ser escritor podría (inconscientemente) dejarse influenciar por sus propios autores.

  4. Leroy Gutiérrez 03/09/2008 a 4:04 pm #

    Comparto tu opinión sobre lo difícil que debe ser el realizar dos trabajos intelectualmente tan exigentes y, casi siempre, extenuantes. Me resulta difícil imaginar a un editor que quede con suficientes ganas de escribir después de una jornada completa de evaluación, corrección y edición de manuscritos de otros. Aunque hay casos, célebres, de escritores editores: Roberto Calasso, Italo Calvino, Esther Tusquets y Gordon Lish. Se presume que gracias a su talento como escritores pudieron realizar un trabajo de edición de altísima calidad. Aunque es posible que sea al revés, que gracias a sus cualidades como buenos editores pudieron destacar como escritores.

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