¿Cuánto vale una imagen? 4

30 Ago

En tinieblas (ElCobre) de León Bloy,

Marranadas (Anagrama) de Marie Darrieussecq

y Pornocrates de Félicien Rops.



En la portada de un libro reside la identidad de éste. Allí se encuentran tanto el título como la imagen que permiten diferenciarlo de cualquier otro. Tanto o más importantes que el nombre del autor o el sello de la editorial, estos elementos enganchan o no al potencial lector, seduciéndolo para que, por lo menos, tome el libro y lo hojee.

Pero, ¿qué pasa si una imagen, por ejemplo, es empleada por distintos editores para identificar diferentes libros? Un ejemplo de ello, es lo ocurrido con la obra Pornocrates, del pintor belga Félicien Rops. Esta obra fue utilizada en el diseño de la portada tanto de la novela Marranadas, de Marie Darrieussecq, como de la novela En tinieblas, de León Bloy. Lo curioso es que la primera novela fue publicada por Anagrama en 1997, mientras que la segunda fue publicada por ElCobre en 2006, nueve años después. Además de que ambas obras fuesen escritas en francés, no parece que haya mayores similitudes entre una y otra como para que la misma imagen las represente apropiadamente a ambas. No obstante, se puede argüir que la imagen encierra múltiples significados y que bien puede servir para ilustrar un libro como otro. Mas lo que cuesta trabajo realmente entender es cómo los editores de ElCobre no estaban al tanto de la existencia en el mercado de un libro que ya llevaba en su portada esa imagen.

Claro, con la velocidad a la que transcurre actualmente todo, es muy probable que hayan pensado que nueve años después ya no quedaba ni el recuerdo del paso por las librerías del título de Anagrama.

La industria del libro (Anagrama) de Jason Epstein,

Los demasiados libros (Anagrama) de Gabriel Zaid

y Libro de piedra, Ko Young-Hoon.

Otro hecho curioso

Curioso también resulta lo ocurrido con la portada de un par de obras publicadas por la misma editorial, Anagrama. En 1996 esta editorial publicó el ensayo Los demasiados libros de Gabriel Zaid con la obra Libro de piedra, de Ko Young-Hoon, como imagen de portada. Seis años más tarde, decidió utilizar nuevamente un cuadro de este artista para ilustrar otro ensayo dedicado al mundo del libro, La industria del libro de Jason Epstein.

Contrario a lo que ocurre con Marranadas y En tinieblas, en este caso parece obvio el motivo por el cual al editor se le ocurrió que las obras de Young-Hoon podían ilustrar la portada de estos libros. Sin embargo, dado el parecido entre ambos cuadros así como la similitud entre ambos libros, cabe preguntarse qué tan efectiva es esta estrategia. Y aquí, a diferencia de las novelas mencionadas, es muy fácil que el mismo lector se interese por ambos libros pudiendo comparar ambos.

Aquí cabe preguntarse, ¿el editor no recordaba haber empleado ya una imagen semejante en otro libro de tema parecido? O, ¿es que resultó tan eficiente ese recurso la primera vez que quiso emplearlo una segunda?

Sin ánimos de blasfemar, la comercialización de los libros se rige por pautas cercanas a las que rigen la comercialización de otros productos. Y una de éstas es que ningún producto puede tener una apariencia tal que se corra el riesgo de que sea confundido con otro producto, bien sea propio o de la competencia.

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