Editores: absurdos e incomprendidos

29 Ago

Pautas para la realizacin y entrega del anteproyecto editorial

Foto: Midnight-digital.



El escritor Javier Marías, a partir de la “absurda aventura” emprendida con su proyecto editorial Reino de Redonda, hace una valoración interesante sobre la labor, la calidad y el éxito editorial. Si bien Marías siente empatía por los editores, no deja de emitir juicios que hacen pensar que el escritor no entiende del todo el trabajo de estos, a pesar de fungir de editor –aunque más bien suena como “socio capitalista”– de una editorial literaria.

El novelista arranca su artículo diciendo:

Así como cae dentro de lo muy previsible que un editor acabe desesperándose al ver durante años cómo sus autores se llevan la mayor porción de gloria y de fama –que no de dinero–, y se lance a escribir, preferentemente memorias ensimismadas o viñetas de los escritores que lo hicieron rico, es mucho más raro que un novelista se meta a editor…

Es indudable que Marías piensa como escritor y considera que la escritura es un acto que todos aspiran realizar en algún momento de la vida, sobre todo si se trata de gente que se dedica a publicar los libros de otros. Sin embargo, la gran mayoría de los editores se muere sin haber publicado un libro, lo que no quiere decir que no hayan escrito o reescrito mucho de lo que publicaran. No es falta de talento o una vocación frustrada lo que impulsa a un editor a publicar libros, es más bien el deseo de compartir con otros aquellas lecturas que ha disfrutado, ese conocimiento que, por valioso, considera que debe ser transmitido. La posibilidad de hacerse rico, meta que casi ninguno logra, tampoco es una motivación para publicar libros.

Igualmente, Marías reconoce lo arduo del trabajo del editor, pero tiende a sobrestimar los recursos con los que se cuentan cuando dice, refiriéndose a la actividad de Reino de redonda:

Sólo dos libros al año, a lo sumo tres, como he dicho. Y sin embargo cada uno lleva tanto trabajo –sobre todo a la encargada de la edición– que ahora admiro a los editores mucho más que antes de iniciar esta absurda aventura, que desde luego trae más sinsabores que ser autor. ¿Cómo es posible que algunos saquen ochenta o cien títulos anuales, si aspiran a hacerlo bien? Claro está que la mayoría cuentan [sic] con equipos nutridos, plantilla fija y numerosos colaboradores externos a los que suelen explotar a fondo.

En la industria editorial no abundan ni los “equipos nutridos” ni la “plantilla fija” y, mucho menos que menos, “numerosos colaboradores externos”. A pesar de que generalmente cuando los hay es cierto que se les trata de exprimir todo lo que den. Pero si en algo no se equivoca Marías es que dada la calidad de los ‘productos podridos’ que se publican parece que muchas editoriales desperdician los recursos de los que disponen.

Quizás el momento en que Marías está más cerca del sentir de los editores es cuando se queja de que los medios no reseñan los libros que publica, no importa que se trate de “rescates fundamentales de autores fundamentales (…) o que suelte textos interesantísimos desconocidos en español”.

¿Absurda aventura la de editar libros? ¿Son imcomprendidos los editores? Kevin Johansen respondería: “Podría ser vos, podría ser yo/ Incomprendidos somos todos”.

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