Corrección de pruebas

23 Ago
Foto: davidking.

No hace mucho encontré en una librería de viejo un breve libro en el que, para mi sorpresa, se habla de la corrección de pruebas. Publicado por una editorial venezolana en 1964, Corrección de pruebas, como se titula la obra, además de comentar el difícil arte de corregir pruebas, incluye las Nuevas norma ortográficas y prosódicas de la Academia Española comentadas por el afamado Ángel Rosenblat.
Cito algunas de las afirmaciones que me resultaron más interesantes sobre la corrección de pruebas:

El autor de un libro, el redactor encargado de una publicación periódica, o el jefe de relaciones que entrega a la imprenta textos, de cualquier índole que sean, contribuye por anticipado a la futura pulcritud del impreso si somete sus originales a una prolija revisión de forma y concepto. Cuanto más claros y definitivos sean los originales antes de proceder a su composición tipográfica, más fácil y pronta será la operación de corregir las pruebas y la consiguiente puesta en prensa y terminación del impreso, se trate de un libro o de una simple hoja de volante.

No es exagerado afirmar que la corrección de pruebas y la pulcritud final del papel impreso es la más difícil y riesgosa operación de su complicado procesamiento.

Para corregir pruebas bien y prácticamente, lo que importa es poseer sentido del idioma, conocimiento de las normas ortotipográficas y prosódicas y sagacidad para acorralar la errata tenazmente agazapada. Todas las personas habituadas a la lectura captan las palabras de un solo golpe de vista sin notar comúnmente una letra cambiada o fuera de lugar. De ahí la gran dificultad que ofrece la corrección de pruebas. Es necesario fijar la atención deletreando las palabras. Y aún adquirido este hábito, es preciso tener en cuenta distintos aspectos bajo los que se presenta la errata: puede ser ortográfica, tipográfica, de sentido y, a veces, ocultarse en una aparente coherencia gramatical y lógica. Estas erratas son las más traicioneras. A un filósofo que escribió en un ensayo ‘religión positiva imaginada por Comte’, la errata tipográfica le hizo decir: ‘religión primitiva imaginada por Cristo’.

En realidad, una buena corrección de pruebas sólo puede hacerse entre un corrector y un atendedor. Mientras el corrector va leyendo lentamente en voz alta la prueba, el atendedor coteja su correspondencia con el original. Solamente así puede el corrector advertir si hay saltos; es decir, si faltan algunas líneas o párrafos que, al pronto, no afectan la secuencia del texto, o si se ha alterado el sentido con palabras que, en sí mismas, puedan parecer adecuadas.

Corregir pruebas es un problema de atención, inteligencia, decisión para consultar el diccionario y buen sentido.

Editorial Arte (1964). Corrección de pruebas. Caracas

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