Cómo editar un libro de cocina

27 Mar

Los manuales son libros difíciles de editar. No solo porque deben cumplir con la condición fundamental de ser autoinstruccionales o, dicho en cristiano, permitirle al lector aprender una nueva habilidad o destreza con tan solo la ayuda de las páginas que tiene delante de sí sino porque deben ser el resultado de un trabajo editorial impecable. Y entre los manuales, quizás, los libros de cocina sean los más trabajosos de publicar para un editor.

¿Otro libro de cocina?
Lo primero que debe hacer un editor que desea publicar un libro de cocina es pensar en un tema, uno que logre que el libro se diferencie, en alguna medida, de los cientos de libros que copan las librerías. Se afirma constantemente que los libros más vendidos en el mundo entero son los de cocina y los de autoayuda. Así que de este tipo de libros se encuentra demasiados por doquier, desde librerías hasta grandes superficies.
El editor que desea publicar un libro de cocina se encuentra ante el reto de ser lo suficientemente original pero sin llegar a romper con las convenciones que rigen la categoría. El lector de los libros de cocina quiere un manual, un libro que le enseñe a hacer algo interesante que le satisfaga a él y a su familia y amigos; pocos cocinan sólo para sí mismos.

En busca de autor
Una vez que el editor sabe cuál será el tema del libro de cocina que desea publicar, le toca dar con un autor. Suena fácil pero resulta complicado cuando se piensa que muchos de los que cocinan no escriben, muchos de los que escriben no cocinan y que aquellos que reúnen ambas cualidades no siempre tienen tiempo para escribir u ordenar un número suficiente de recetas para un libro. Aunado a esto está el hecho de que a muchas personas les cuesta entender que las recetas, aunque sean de conocimiento popular o universal, están sometidas a las leyes del derecho de autor. Así que muchos candidatos a autores de libros de cocinan dirán, con cara de que no rompen ni un plato, que esa receta de mousse es la receta de mousse y que no importa que la hayan tomado del libro de otro pues es la que todo el mundo usa.

Infalibilidad
Como el Papa, los libros de cocina y sus recetas deben ser infalibles. No importa que quien intente preparar el tiramisú sea un inexperto cocinero que con frecuencia quema el agua para el café, se supone que si sigue las instrucciones de la receta fielmente tendrá al final un platillo sencillamente delicioso, como el que muestra la foto. Así que si el plato preparado es un horror, la culpa es de la receta y del autor que no explicó cómo se hace.
Claro, las recetas deben estar editadas de manera perfecta, o casi. No deben faltar ingredientes, algo que ocurre con alarmante frecuencia, ni omitirse su utilización a lo largo de la preparación. Tampoco pueden darse por sobreentendidas instrucciones o pasos y, muchos menos, en la receta no se debe dejar de indicar tiempos, temperaturas e indicadores que permitan saber cuándo la masa tiene la consistencia adecuada, arenosa, pastosa o cualquier otra.

Calidad gráfica
La comida no sólo entra por los ojos cuando está servida en una mesa sino también cuando es presentada en un libro. Para que un libro de cocina sea atractivo para los lectores debe contar con fotos a color, preferiblemente, de calidad de los platos a preparar, ya que éstas servirán tanto de guía como de inspiración al lector. Igualmente, debe contar con fotos, dibujos o diagramas que expliquen los pasos o fases críticas del proceso de preparación. Esto significa que el editor debe contratar colaboradores: un fotógrafo, un maquillador de alimentos, un cocinero, un ilustrador, depende del caso, capaces de recrear las distintas partes de la preparación de la receta.

Valor percibido
Si el editor ha podido cumplir con las principales exigencias de editar un libro de cocina, todavía tiene que cumplir con las exigencias de publicarlo. Dada la inmensa competencia que hay, un libro de cocina no sólo debe ser de calidad sino tener un precio atractivo. Aunque esto es algo que el editor debe tener presente desde el primer momento, sólo al final sabrá si pudo lograr mantener el equilibrio entre costos y calidad. Asimismo, sólo después de que el libro sea publicado y algún lector comente con satisfacción lo útil que éste le ha resultado, el editor no podrá estar seguro de que hizo un buen trabajo.

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