Los libros como herramientas para la alfabetización

1 Nov
Chigüiro y el baño, Ivar Da Coll.

Afirmar que los libros son una herramienta para la alfabetización –específicamente los libros para niños y jóvenes– es limitarlos, es condenarlos a cumplir una única y simple función, como si su existencia debiera ser justificada por algún fin práctico. Es como si apreciáramos el Sol sólo por ser una perfecta mezcla de lámpara y calentador, y no por su gran belleza, o que la bicicleta nos pareciera un gran invento por la sola razón de que se trata de un vehículo, no contaminante y económico, y nunca porque nos permite pasear. Para el que se deje convencer por esta propuesta los libros de imágenes, ya sean pensados para adultos como los libros de fotografía o para niños como los libros de sólo imágenes, carecerían de sentido, no deberían ser publicados al no tener ninguna utilidad, es decir, no enseñan a leer; no en el sentido tradicional. Libros como Zoom de Banyai Istvan, El viaje de Anno de Mitsumasa Anno o los chigüiros de Ivar Da Coll, libros libres de textos, serían inútiles, unos no-libros al dejar de cumplir con su función primordial de herramienta para la alfabetización.
Es cierto que en el mismo instante, hace unos tres mil años, en que los fenicios inventaron el alfabeto también inventaron la necesidad de entenderlo, de leerlo, dividiendo al mundo entre alfabetizados y analfabetos. Es igualmente cierto que la capacidad de leer y, por ende, de escribir ha sido desde ese entonces la piedra angular de la creación y la transmisión del conocimiento humano. Ahora bien ¿qué pasaría con los libros si nuestra sociedad, nuestra cultura, estuviera evolucionando en una dirección que hiciera que la habilidad para utilizar un código lingüístico como el alfabeto perdiera o –para no sonar alarmista– comenzara a compartir su primacía como medio de comunicación con otros sistemas, esta vez no lingüísticos?
Pensemos por un momento en los programas de las computadoras. Muchas veces nos encontramos con que están en inglés en vez de en español y esto, a pesar de que no todos leamos en este idioma, resulta un obstáculo sencillo de sortear. Esto se debe a que no hace falta dominar este idioma para comprender cómo se usa el programa y utilizar las funciones que necesitamos pues nos podemos guiar por un código no lingüístico paralelo –¡gracias san Bill Gates! Este código no lingüístico es el de los iconos, el cual nos facilita obtener una información, leer de un modo distinto al tradicional.
Un gran ejemplo del éxito de los íconos y de la comunicación no lingüística es lo que ocurre con los chats. La comunicación que se desarrolla en estos espacios tiene poco o nada que ver con la que se produce cuando se emplea el alfabeto. El MSN messenger, el más popular de todos los programas de mensajería instantánea, es el más utilizado precisamente porque ofrece algo que los otros programas no ofrecen de igual manera, la capacidad de interactuar con los otros usuarios empleando un código no lingüístico como los emoticonos o íconos gestuales. A pesar de que cada vez que se habla del problema del bajo índice de lectura entre los jóvenes se afirma que los chats contribuyen a que estos mantengan este viejo hábito que le inculcaran sus padres y maestros parece que los que dicen esto no se percatan de la evidente inconsistencia.
Los chats no pueden ser vistos como la tabla de salvación de la lectura y de los libros­ por aquellos que temen que la pérdida de la supremacía de la primera termine con la extinción de los segundos, pues la supervivencia de los libros no debe ni puede depender del valor que se le otorgue a otros medios. De ser cierto que las personas, jóvenes o no, han perdido el interés en los libros, no hay manera de que su interés por otras formas de comunicación los lleve de regreso a estos. Es difícil creer que entre los blogs o a las redes sociales y los libros exista un camino con el que se tropezarán los aficionados a las animaciones y los gráficos 3D llevándolos de unos a otros.
Las personas que han crecido comunicándose por medio de un lenguaje de íconos no sentirán la necesidad de los libros –tocarlos, hojearlos, leerlos– sólo porque deseen ejercitar su habilidad de leer. En este mundo lleno de cantos de sirenas electrónicas los niños y jóvenes necesitarán, buscarán los libros sólo si estos –sin competir de forma alguna– les obsequian experiencias significativas distintas a las que les pueden ofrecer otros medios.

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