Quién es editor

26 Ago
Foto: austinevan.

El editar se considera un oficio glamoroso, aunque no lo parezca, especialmente por aquellos que no lo ejercen ni por error. Se cree que los editores viven rodeados de personalidades (y mujeres), que asisten a cócteles, que desayunan-almuerzan-cenan en fabulosos restaurantes y que reciben sueldos abultados. Por lo menos eso es lo que hace pensar el hecho de que cualquiera que reúna cierto número de textos escritos por otros y los entregue a una editorial se considere, con gran orgullo, editor de estos. Como si de esta manera ingresaran a un selecto club. Los autodenominados editores desconocen que para considerarse el editor de una obra se debe, primero que nada, tener una idea, un concepto editorial del que surja un criterio para evaluar, seleccionar y mejorar, de ser necesario, los textos seleccionados. Igualmente, el editor debe cerciorarse de que los distintos textos cumplan con ciertos requisitos mínimos: extensión, tema, registro y normas ortotipográficas, que permitan que la obra sea coherente. Otorgándole el beneficio de la duda, los que se llaman editores sin nunca haber editado un texto, seguramente estén confundidos y cuando digan editor estén pensando en un antólogo o un compilador. Aunque hay que decir que estos también realizan un trabajo con los textos que no es sólo dárselos a la editorial.
Quizás la labor del editor todavía conserve el aura de prestigio que adquirió por allá en el siglo XX, cuando el editor era un caballero, a quien no le importaba el dinero porque había nacido con él, y que era capaz de darlo todo por divulgar una hermosa obra literaria. También que en estos días en los que el currículo más que leerse se pesa viene bien poder decir que uno fue el editor de tal o cual obra, como si ello implicara ser dueño de unas habilidades intelectuales especiales. Lo cual tiene mucho de cierto siempre que se edite de verdad.

Post Scriptum: para aquellos que deseen ser editores o pasar por uno, sepan que a los editores no sólo se les deben ocurrir ideas para publicar libros que funcionen sino que deben planificar el trabajo, negociar con autores, impresores y colaboradores (nótese que los anteriores no califican), leer en cantidad, escribir y, sobre todo, tener una idea clara de adónde se quiere ir con todo eso de los libros. Importante, los editores no se hacen ricos, ni famosos.

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