Censura y autocensura

10 Jun
Tumba de León Trotsky, quien fuera asesinado el 20 de agosto de 1940 en México.
Foto: Waffler.

No sostendré que en el pasado la edición estuviera libre de presiones políticas. Aunque muchas editoriales tuvieron desde sus comienzos un marcado perfil político. En Europa occidental, algunos estaban incluso afiliados a partidos políticos o sindicatos. Las opiniones de los propietarios repercutían en las decisiones editoriales, lo que no era una sorpresa. Pero si bien siempre existió un cierto grado de censura, puede decirse que se remitía más a los valores defendidos por aquellos que poseían o controlaban las editoriales, que a consideraciones puramente comerciales. En la actualidad, aunque los escasos propietarios independientes pueden todavía sentirse tentados a hacer prevalecer sus miras, lo que priva de hecho son los intereses globales de los grandes grupos. El mejor ejemplo para describir este cambio se encuentra probablemente en la historia de Harper’s, casa estadounidense que en otra época fue prestigiosa. En vísperas de la entrada en guerra de Estados Unidos, Harper’s, que había publicado hasta entonces las obras de Trotsky, recibió las pruebas manchadas de sangre de su último texto contra Stalin. Estas pruebas estaban en el escritorio de Trotsky en el momento en que Ramón Mercader le dio su famoso golpe de piolet. Sus allegados, todavía bajo el shock, mandaron apresuradamente las pruebas a Nueva York con la esperanza de que la obra se publicara de inmediato. El editor de Harper’s, que en esa época era Cass Canfield, sabía que Estados Unidos iba a entrar muy pronto en guerra y que necesitaría a Stalin. Si ninguna presión por parte del gobierno, se puso en contacto con un amigo del Departamento de Estado y los dos llegaron a la conclusión de que era conveniente esperar un momento más propicio para publicar el libro, de modo que los ejemplares –que mientras tanto se habían impreso– fueron acumulando polvo en el almacén hasta el final de la guerra. ¿El ataque de Trotsky contra Stalin hubiera podido influir a la opinión pública estadounidense hasta el punto de suscitar una visión crítica de la política soviética durante esos años cruciales? Nadie lo sabe. Pero la decisión del editor y la manera en que se tomó simbolizan perfectamente la actitud de la élite que dirigía la edición angloestadounidense de la época. Era la decisión a adoptar en tanto que ciudadano, y cualquiera que fuera el costo para la casa, se tomó sin discusión. Se trataba, tal vez, de “censura patriótica”, pero en todo caso se suspendía la búsqueda de ganancias.

André Schiffrin
La edición sin editores
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: