Réquiem por una librería

17 May
Foto: net_efekt

Todo tiene su final,
nada dura para siempre.
Héctor Lavoe
El cierre de una librería es una tragedia, no importa las razones que lo produzcan. La desaparición de un espacio ideado para propiciar el encuentro entre un lector y un libro es una desgracia para todos: lectores, libreros, autores y editores.
Después de catorce años de labor, la Librería Monte Ávila Editores, ubicada en el Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño, en Caracas, Venezuela, ha sido obligada a cerrar sus puertas. No obstante, sin mucha información al respecto, se sabe que la librería no desaparecerá (del todo) sino que “cambiará de administración”. La antigua librería Monte Ávila Editores pasará a formar parte de la red Librerías de Sur (anteriormente Librerías Kuaimare) del Estado venezolano.
Todo esto no suena tan mal, pero en realidad es peor. El que el Estado (o el gobierno) se sienta en la obligación de cerrar una librería, caracterizada por su oferta plural, hace pensar que la propuesta estatal que la sustituirá tendrá muchas cualidades, menos la diversidad.

Carta de Ángel García, Gerente de la Librería Monte Ávila Editores

Estimados clientes y amigos,

El 30 de noviembre de 1993 abrió sus puertas la Librería Monte Ávila Editores a los lectores de esta ciudad. Con los años y con mucho esfuerzo, la librería no sólo se convirtió en el lugar de encuentro de escritores, artistas, profesores, estudiantes y lectores en general sino que irradió su encanto más allá de las fronteras de la ciudad y del país. La librería del Teresa fue desde sus inicios, una clara referencia de librería cultural, donde tuvimos la suerte y la dicha de ofrecer todo el catálogo de la casa, nuestra querida Monte Ávila, además de todos los fondos editoriales que pudimos adquirir para nutrir una buena oferta bibliográfica, creyendo siempre en la bibliodiversidad.
El martes 8 de mayo del presente, a las 7:20 p.m., la librería cerró sus puertas. Nos embarga la tristeza lógica de dejar atrás el esfuerzo de casi catorce años pero nos sentimos contentos y complacidos de haber entregado lo mejor de nosotros y haber logrado hacernos presente en el mapa personal de librerías de cada uno de ustedes y en la memoria de esta ciudad.
Vivimos momentos de esplendor y también tiempos de incertidumbre. Junto a un nutrido grupo de compañeros y amigos que formaron parte del personal de la librería en sus diferentes momentos, tuve la suerte de estar antes y después del cierre de sus puertas. Junto a Katyna y el equipo inicial, vivimos emocionantes tiempos de apresuramientos para la apertura. Hoy, junto a mis compañeros, Katiuska, Amelis, Iraida, Yudely, Carolina, Alexander, Rita, Fabiola y Yanelys, hemos vivido momentos de profunda tristeza pero nos sentimos orgullosos por el trabajo realizado.
Son muchos los nombres que deberíamos mencionar y más las historias que se tejieron dentro y alrededor de la librería, sin embargo, no es tiempo de contar historias, ya tendremos ocasión para hacerlo. Por lo pronto, deseo hacerles llegar nuestro más profundo agradecimiento por habernos apoyado todos estos años y haber sido ustedes los más importantes actores de esta obra.

Hasta pronto.

Ángel R. García – Librero


Carta de Katyna Henríquez Consalvi

Amigos:

Adjunto este triste mensaje… Hoy le tocó a el turno a nuestra querida librería Monte Ávila de la que solo nos quedara el recuerdo de un hermoso espacio y grandes momentos de encuentro. Ocho años de mi vida los dediqué junto a un eficiente equipo a darle forma a sus espacios y contenido a su propuesta como lugar de encuentro cultural. Ángel García fue parte de ese equipo inicial y gracias a su buen oficio de librero supo continuar con el proyecto luego de mi partida, a pesar de que ya se avizoraban tiempos de adversidades para la cultura. Quienes hoy cierran o avalan con su silencio cómplice este cierre compartieron una y muchas veces estos espacios, allí presentaron sus libros o sirvieron de oficiantes con su palabra, siempre fueron bienvenidos. Entonces la palabra no teñía sus ropajes… era patrimonio de todos como era patrimonio de todos esos espacios que hoy nos reducen a la nada. Nuevamente el complejo edénico tan propio de este país, el de cambiar nombres, el de borrar todo pasado y con mayor vehemencia si el pasado fue de excelencia. Así suele proceder la barbarie.
Esperemos la llegada de otros tiempos.

Un saludo

Katyna Henríquez Consalvi

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