¿Cuánto vale una imagen?

10 Feb
Foto: Paul Watson

La portada o tapa de un libro debe ser capaz de comunicar cabalmente al lector de qué trata la obra, en un sentido muy amplio. Es de esperarse, por ejemplo, que la portada de una obra humorística refleje de forma evidente ese rasgo que caracteriza al libro. Indudablemente es conveniente que el diseño de una portada trasmita (en la medida de lo posible) un mensaje inequívoco, que evite que el lector se confunda, que piense que el libro trata de un asunto distinto al que realmente trata. Claro, parece excesivo pedirle a la portada, al diseñador y al lector que logren tal proeza de un solo golpe cuando sólo se sabe de qué va un libro, realmente, cuando se lo lee, y ni a veces así.
De todas maneras, existen unos códigos (implícitos o explícitos) relacionados con la portada de determinado tipo de libro. En el caso, por ejemplo, de una obra literaria clásica se espera que la portada de ésta sea sobria, adusta, grave, que señale que la obra es digna, que debe ser tomada en serio y no como un pasatiempo. Sin embargo, la edición no se trata de seguir una fórmula y aplicarla en las dósis requerida por cada caso. Al contrario, el editar y publicar libros trata de romper con ciertos paradigmas, hasta el del diseño de portada, y así lo entiende la editorial Penguin. Para muestra unas portadas:

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