Granta y la vía Tetra Pack

2 Feb

Por Lourdes Gómez

Sigrid Rausing hizo su primera donación, a Oxfam, con 21 años. Heredera de una de las mayores fortunas mundiales, el consorcio sueco Tetra Pack, que patentó el clásico envase de cartón, reparte hoy más de 20 millones de euros anuales entre organizaciones de derechos humanos, derechos de la mujer, justicia social y económica. En otoño de 2005 adquirió la firma editorial Granta, apuntalando el futuro independiente de esta prestigiosa revista que fundaron estudiantes de la Universidad de Cambridge en 1889.
Granta definió mi visión de la vida. Leo la revista desde los años ochenta”, admite Sigrid Rausing, billonaria y filántropa sueca, de 44 años, y residente en Inglaterra. “Me interesó la vigorosa masculinidad del estilo editorial de su anterior director, Bill Buford, y la misteriosa sobriedad de su sucesor, Ian Jack. En tiempos de Buford, yo comenzaba a descubrir el feminismo, y el contraste intelectual entre ambas visiones me resultó fascinante”.
La oportunidad de controlar la legendaria firma surgió en 2005 a iniciativa del entonces propietario, Rea Hederman, editor de The New York Review of Books. Rausing y su marido, el productor de cine Eric Abraham, habían lanzado esa primavera Portobello Books y aceptaron la oferta de compra. “Granta corría peligro de desaparecer o de ser absorbida por un conglomerado. No se había invertido en la revista desde hacía tiempo y se temía por su futuro, aunque la gente no había perdido la ilusión”.
Granta está desde entonces en proceso de transformación. Y de inminente renovación con la salida, a finales de año, de Ian Jack. “Bill y Ian fueron tremendamente influyentes y dejaron su personalidad en la revista. Buscamos un nuevo director que también sea capaz de imponer su marca”, explica en Londres. Rausing apuesta por la mujer en sus proyectos filantrópicos y también prefiere que una mujer dirija por primera vez esta cantera de nuevas narrativas, reportajes, ensayos biográficos y fotografía. “No hay suficientes voces femeninas en Granta y, desde luego, se necesitan más. Siempre he pensado que ha llegado su hora”, dice.
“Por otro lado”, añade, “la apertura de la Unión Europa ofrece a Granta el más excitante camino hacia donde dirigirse. Ya se ha cubierto América y debemos abrirnos ahora hacia el Este, donde están surgiendo buenos jóvenes escritores”. El rumbo de la edición inglesa lo marcará el nuevo fichaje, pero su propietaria tiene ideas claras sobre la gestión de sus dos editoriales de libros y las sinergias que pueden lograrse. Por lo pronto, el equipo de Granta se mudará a la sede que comparten la fundación Sigrid Rausing Trust y Portobello Books en un edificio de Notting Hill Gate, donde transcurre la entrevista.
“Quiero recuperar la tradición narrativa porque Granta se mueve en ficción contemporánea, con voces nuevas y viejas. El objetivo es publicar unos 30 o 40 libros al año. Con Portobello queremos editar unos 20 al año: traducciones y ‘activismo no-ficción’, que, en realidad, es investigación documental. Ambas editoriales compartirán edificio, pero serán entidades independientes”, explica en la oficina de Portobello.
Hasta su entrada en el mundo editorial, Rausing invertía exclusivamente en proyectos altruistas. “Crecí en Suecia, y ser hija de un capitalista no era cool. Éramos la familia industrialista en un país con un fuerte arraigo social y democrático. Yo quería ser y vivir como los demás, sin despuntar por el dinero u otros aspectos que avergüenzan a los jóvenes. Te das cuenta del poder del dinero a medida que maduras”, rememora.
Resolvió el conflicto interno al entablar contacto con Network For Social Change, grupo de millonarios que le enseñaron a “ser una buena filántropa”. “Nunca imaginé que regalar dinero es un trabajo. Requiere rigor intelectual, un periodo de evaluación, de hacer las preguntas adecuadas, seleccionar entre distintos campos, organizaciones y proyectos. Las organizaciones son como ecosistemas, y ayudar a una repercute en las demás. Para mí, ser buena filántropa implica descubrir a la gente correcta y dejarles gestionar sus ideas y perseguir sus objetivos sin intervenir”.
Los Rausing se mudaron a Inglaterra en 1982, huyendo de una medida del Gobierno sueco que implicaba, según resume la heredera, la “nacionalización de la empresa familiar”. Desde entonces, la fortuna de Tetra Pack se asocia a paraísos fiscales tanto como a enormes donaciones. “Mi abuelo se guiaba por la idea de que podía erradicarse la pobreza y la hambruna a través del progreso. De ahí surgió la leche entera en envases de cartón. Las ideas importaban en la familia, no el dinero”, advierte.
Granta representa su primera intervención en la esfera cultural. “No es una buena inversión pero tampoco es un acto de benevolencia. Granta y Portobello pierden dinero, pero son aventuras comerciales y las gestionamos con el propósito de hacerlas solventes. Trabajar duro y vender libros son obligaciones que contraemos con nuestros autores. Sin este incentivo, no les representaríamos de la mejor forma posible”.

Tomado de El País.

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