Dos términos, dos realidades

1 Feb

Dentro del mundo de la edición hay dos términos que tienden a confundirse, independiente y alternativo. Pero estos adjetivos utilizados en la jerga del editor no quieren decir lo mismo, ni califican las mismas cualidades. Generalmente esta confusión se pone de manifiesto cuando se habla de la concentración editorial, la bibliodiversidad y temas afines, pues tiende a afirmarse que la independencia es una condición necesaria, o casi, para la buena salud de las editoriales y, sobre todo, del mercado editorial. De esta manera todas las editoriales que se precien de serlo deben ser independientes. Por otro lado, se esgrime que las editoriales (las independientes) deben ser alternativas, queriendo decir que deben hacer frente a las grandes corporaciones mediáticas y convertirse en una “alternativa” (variada, rica, estimulante) a la oferta (homogénea, pobre y aburrida) de las “editoriales” pertenecientes a los grandes grupos.
Al final, lo mejor que se puede hacer es buscar un libro y observarlo con detenimiento para ver si se puede captar la diferencia que hay entre estos términos.

Independiente, la editorial
Una vez que se tiene el libro en la mano lo primero que se descubre es que un libro (no importa el que sea) no puede ser independiente, entre otras razones, porque la que puede presentar esta característica es la editorial. De la misma manera que un CD de música no es independiente, sino la disquera que lo publica, el independiente no es el libro sino la empresa que lo publica.
Una editorial independiente es aquella que, literalmente, no depende de otra u otras empresas para desarrollar su actividad. Una editorial independiente no forma parte de una corporación sino que actúa de manera autónoma. Esto significa que goza de mayor libertad, o eso parece, para determinar qué libros debe publicar de la que disfruta una editorial que pertenece a una corporación (con junta directiva, CEO y demás). Se supone, entonces, que un libro de una editorial independiente es publicado tomando más riesgos de los que toma una editorial de otro tipo y sin depender de limitaciones de tipo comercial.
No obstante, por más independiente que sea una editorial no dejará de seguir ciertas convenciones relacionadas con la factura del libro y con la pretensión, siempre justificada, de vender. Por ejemplo, una novela de una editorial independiente será publicada empleando el mismo formato (rectangular, vertical), el mismo tipo de papel (nada poroso, de color marfil), el mismo tipo de fuentes (garamond, bookman), así como otros elementos más que también empleará una editorial no independiente para publicar una novela.
Así el adjetivo independiente sólo puede aplicarse a una editorial en cuanto a empresa que desarrolla una actividad que no depende, que no está influenciada por lo que afecta a las otras editoriales. Pero no puede emplearse para referirse a un libro, ya que éste siempre es dependiente.

Alternativos, el libro y la edición
Con el libro todavía entre manos, falta saber porqué un libro sí puede ser alternativo, mientras que una editorial no. Un libro es alternativo cuando posee unas características físicas que se apartan (a veces más, a veces menos) de las convenciones editoriales. Un libro alternativo puede ser publicado en materiales distintos a los tradicionales (usar cuero, plástico, tela, etc.), con formatos distintos a los usuales, incluso sin texto y sin imágenes (búsquese un prelibro de Munari), empleando únicamente texturas o colores para comunicarse con el lector. Tal vez un ejemplo de ello sean los libros cartoneros, libros con tapas de cartón reciclado, con portadas pintadas a mano, la tripa impresa en una impresora casera y que, incluso, no pagan regalías a los autores, gracias a que estos ceden momentáneamente los derechos de explotación. Otro ejemplo, típico de los tiempos que corren, es el de los libros que circulan sólo por Internet, esos libros que se publican en un sitio electrónico (una editorial virtual) y que se encuentran a la disposición de todo aquel que desee pagar para descargarlos. Claro, acá se cruzan los caminos y ya no solo el libro es alternativo, también lo es la edición.
Grosso modo, la edición alternativa implica la utilización de estrategias o vías distintas a las establecidas y que pasan por: no pagar (de mutuo acuerdo) unas regalías al autor, solicitar al autor que costee la publicación de su libro, no comercializar el libro a través de los puntos de ventas habituales (librerías, grandes superficies) sino venderlos por suscripción, ad infinitum.Por supuesto, es difícil no pensar en que necesariamente deben haber editoriales alternativas. Quizás aquellas que están organizadas como cooperativas son un ejemplo de ello. Pero es más seguro que se trate simplemente de una forma de organizar el trabajo y repartir los beneficios, que de una forma distinta de editar y publicar libros.
Leroy Gutiérrez
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Una respuesta to “Dos términos, dos realidades”

  1. Anonymous 06/02/2007 a 11:05 am #

    La editorial (entendida como sello único)es independiente si la misma persona o personas que deciden contratar un libro son las propietarias de la editorial (y por lo tanto del dinero).

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