Entrevista a Jaime Vargasluna*

8 Nov
Jaime Vargasluna es un editor peruano que estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y, posteriormente, realizó estudios de Pedagogía Waldorf y de Gestión Cultural.
Se ha desempeñado como profesor de Castellano y Literatura en el Colegio Alternativo Parcival de Lima. Ha sido Jefe del Área de Publicaciones del Museo de Arte del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente es editor de Sarita Cartonera, proyecto solidario de difusión literaria, y de la editorial [sic] libros, la cual fundó recientemente. Asimismo, forma parte del equipo de coordinación del proyecto de interpretación de lectura para escolares «Libros, un modelo para armar».
Ha publicado, en coautoría con Kristel Best Urday, la investigación testimonial «¿Qué final feliz hay?…no tendría sentido un final feliz», en el libro ¿Dónde están nuestros héroes y heroínas? Lima, SUR Casa de Estudios sobre el Socialismo, 2005. Y, además de artículos, crónicas y reseñas en diversas revistas del medio, mantuvo una columna semanal de Crítica de Arte, en el diario La Primera, de Lima.
Leroy Gutiérrez: ¿Qué se requiere para elaborar un libro? ¿Para editarlo?
Jaime Vargasluna: Se necesita, en primer lugar, tener un manuscrito que valga la pena ser editado. Después, un buen corrector de estilo, un buen diseñador, un buen diagramador, a alguien preocupado porque la calidad buscada sea la que produzca la imprenta, a alguien que busque a la prensa, que encuentre los mejores canales de distribución y las mejores estrategias de marketing. Todas esas tareas son imprescindibles, aunque muchas veces todas, o casi, son ejecutadas por una sola persona. En cualquier caso (ya sea que el editor lo haga todo o que exista un equipo grande y bien organizado) es necesario tener fe en el libro: en que es bueno, en que se va a vender, en que su publicación
es necesaria. En resumen, se necesitan ganas, paciencia y esfuerzo.
LG: ¿Cuál es la principal cualidad que debe tener un editor o alguien que comercie con libros?
JV: Tiene que ser un gran lector, apasionado y bien informado. De lo contrario no sabrá ni lo que edita ni lo que vende.

LG: ¿Qué es un manuscrito de buena calidad?
JV: La respuesta es muy subjetiva. Para muchos editores, el Ulises de Joyce no era un manuscrito de buena calidad. Sin embargo, creo que el requisito básico de cualquier manuscrito es la claridad de ideas (esto es válido para manuscritos literarios o no, aun en un texto literario sumamente oscuro es necesaria una poética, un aparato teórico que lo soporte, y que algún hermeneuta, alguna vez, deberá poder interpretar satisfactoriamente). Si el autor no es capaz de poner en el texto lo que sea que crea que su texto dice, ese es un mal manuscrito.

LG:¿Qué es un libro bueno?
JV: Un libro que añade algo significativo a nuestra manera de relacionarnos con el mundo, ya sea porque nos inquieta o porque nos descubre algo que siempre estuvo allí y nunca vimos.

LG: ¿Cómo se puede conciliar la cultura y la calidad con los negocios y las ganancias?
JV: En gran medida, el divorcio que existe entre las actividades culturales de alta calidad y los negocios rentables, pasa por la falta de visión empresarial de quienes nos dedicamos a las actividades culturales. No estamos siendo capaces de aplicar estrategias exitosas en nuestras áreas de trabajo: el impulso a la creación de mercados consumidores, el mejoramiento de las estrategias de marketing, etc. Si alguien consigue hacer un negocio exitoso con productos culturales de alta calidad, no será porque sus productos son culturales o de alta calidad, será porque supo hacer de ello un buen negocio.

LG: ¿Qué necesita el libro como producto para competir con los artículos elaborados por medio de las nuevas tecnologías de la información?
JV: En principio, un libro también puede ser, hoy, elaborado a través de las nuevas tecnologías de información. Un libro digital, por ser digital, no es menos libro. Basándonos en ello, me parece que los dos soportes se complementan. Y la ventaja del libro impreso sobre el digital se vincula, básicamente, a la cultura de posesión, del fetiche. Por lo tanto, fetichizando aún más al libro, éste puede mantenerse sólido como producto.

LG: ¿De qué manera ha influido al mundo editorial la aparición de la impresión digital?
JV: Creo que la impresión digital está contribuyendo, y lo hará aún más en los próximos años, a la diversificación y especialización de las necesidades de consumo editorial. Los editores pueden arriesgarse a publicar empleando la impresión digital libros cuya edición en offset comportaría mayores riesgos económicos, lo cual, a su vez, generará posiblemente una mayor especialización del mercado.

LG: ¿Tienen futuro las ediciones por demanda?
JV: Uno nunca sabe qué dirección tomarán los desarrollos tecnológicos, pero cabe suponer que sí.

LG: ¿Eventualmente las editoriales serán virtuales?
JV: Creo que el miedo a la desaparición del libro impreso, que surgió con el primer boom del Internet, ya pasó. Lo que hemos visto en los últimos años es el desarrollo de la convivencia entre ambos soportes. Pienso que, con el tiempo, existirán muchas editoriales virtuales, y muchas otras mixtas, sin que eso signifique que las que se dedican exclusivamente a los libros impresos deban transformarse o desaparecer.

LG: ¿Por qué se lee si se puede ver televisión?
JV: Puede hacerse también la pregunta inversa. La televisión y los libros no son excluyentes, y eso queda demostrado con éxitos editoriales como Harry Potter o El código da Vinci, cuyas versiones cinematográficas no han reducido las ventas de los libros, al contrario, las han multiplicado. La imagen impacta, el lenguaje verbal sugiere. Que convivan.

LG: ¿Cómo se captan nuevos lectores?
JV: Desacralizando la lectura. En la actualidad el libro se ha convertido en objeto de culto, sagrado. Por tanto, o poco interesante o inalcanzable. Si lo que nos interesa es que la gente lea, pues no condenemos la lectura ¿o acaso leer periódicos deportivos, tiras cómicas, o letras de canciones cursis, no es leer? Sólo si las personas integran la lectura a su vida diaria, podrán convertirse en lectores interesados. Y de leer periódicos deportivos a disfrutar a Joyce hay, honestamente, solo un paso: el del hábito.

LG: ¿De qué manera puede competir un libro para niños con los juegos de videos?
JV: Me parece que un libro para niños no debería competir con los juegos de videos, del mismo modo que un paseo en bicicleta no debería competir con un paseo en auto. Como dije un poco antes, la imagen impacta y el lenguaje verbal sugiere. La tarea de los adultos es hacer notar a los niños lo placentero de la sugerencia verbal, del uso libre de la imaginación. Al respecto, creo que lo peor que puede hacerse es buscar que los libros se parezcan a los juegos de video, en ese caso sí hay competencia, y el imitador tiene las de perder.

LG: ¿Qué es lo más difícil en la elaboración de un libro?
JV: Armonizar el conjunto. Conseguir que, visualmente, el libro sugiera lo que su contenido dice.

LG: ¿Cuál es la principal dificultad para vender libros?
JV: La frecuencia de compra. Si uno descubre un paquete de fideos nuevo en un supermercado, decide comprarlo para probar, y le gusta, lo más probable es que cuando vuelva al supermercado repita la compra. Eso no sucede con los libros. Por eso son tan importantes las líneas editoriales, los catálogos. Un comprador de libros tiene autores preferidos y editoriales preferidas, cuyos títulos nuevos puede correr a comprar, pero difícilmente corre a comprar la reimpresión de un libro que ya tiene en casa, por mucho que lo haya disfrutado.

LG: ¿Por qué no se lee más?
JV: Porque existe una oferta de consumo altamente diversificada. Hace trescientos años, cuando no existía luz eléctrica ni teléfono ni turismo, existía una oferta de actividades más reducida. Aunque quizás entonces los problemas fuesen otros: altos índices de analfabetismo, escasez de bibliotecas públicas, librerías y editoras, etc. Hay que tener en cuenta que en ninguna época se hicieron tantos libros, revistas y otros productos legibles como ahora, por lo que, quizás, nunca las sociedades han leído tanto como en la actualidad.
Pero tampoco hay que dejar de lado que la lectura exige participación activa, en tanto que otras formas de entretenimiento o aprendizaje (exclusivamente visuales o auditivas) pueden desarrollarse con mayor facilidad paralelamente a otras actividades (hacer footing mientras se escucha una conferencia en el discman, por ejemplo). Es un hábito difícil de sostener, pero es nuestra tarea impulsarlo.

LG: ¿Por qué si cada vez hay menos lectores el mercado del libro sigue creciendo?
JV: Es la ley natural del consumismo. Por un lado, las editoriales necesitan diversificar al máximo su oferta para poder ofrecer al lector el libro preciso que no sabía que andaba buscando. Por el otro, los lectores, para asumir su rol como tales en el mercado, necesitan comprar libros, la mayor cantidad posible de libros. Muchas veces, bastante más libros de los que van a leer. Soportando con ello, en alguna medida, el vacío que va dejando la disminución de lectores.

LG: ¿Hay suficientes lectores?
JV: Considero que no hay suficientes lectores en ninguna parte. Creo que el nivel de la piratería de libros en América Latina nos aclara que hay más lectores de los que creemos, o de los que nuestras cifras oficiales dicen, pero nunca serán suficientes.

LG: ¿Son caros los libros? ¿No pueden ser más baratos?
JV: Un producto del mercado siempre es caro o barato en relación a otro. ¿En relación a qué son caros o baratos los libros? ¿En relación a una botella de cerveza, a una entrada al cine, a una reproducción pictórica, a una camioneta del año? Si pensáramos en cuánta gente lee un mismo ejemplar de un libro, cuántas veces y a lo largo de cuánto tiempo, y lo comparásemos con la cantidad de gente que paga una entrada al cine varias veces a lo largo de los años, el resultado sería que, probablemente, el libro resulta siendo muy barato. Sin embargo, claro que los libros podrían y deberían (porque en la actualidad hay mucha mayor oferta que demanda) venderse a menores precios: si las librerías cobrasen comisiones más bajas, si las aduanas no pusieran impuestos tan altos a la importación, si se redujese el impuesto al papel, si los editores no fueran tan poco arriesgados, y si se realizaran tirajes más grandes. Si en lugar de tirar mil o tres mil ejemplares, una editorial tirase cincuenta mil, el libro podría costar la mitad o la tercera parte de su precio actual, pero para ello la editorial tendría que estar segura de que podría vender buena parte de su tiraje, lo cual es, hoy, bastante complicado.

LG: ¿En qué radica la importancia de la industria del libro para un país?
JV: El libro, como el cine, la televisión, la música, la prensa, etc., contribuye a la formación de mentalidades. Por lo que un país que no posee industrias culturales desarrolladas no influye significativamente sobre la formación de las mentalidades de sus ciudadanos. Ahora bien, esta influencia no debe ser impuesta por planes estatales. Las industrias responden a intereses individuales y colectivos pero siempre privados, por lo que el rol del estado no debe pasar de ser un impulsor del crecimiento plural de la industria editorial, como de cualquier otra.
Ahora bien, el desarrollo de una industria editorial en un país, no solo significa el incremento del consumo, también implica el aumento y mejora de la producción, así como de las facilidades de acceso a los libros, etc., todo lo cual redunda en el incremento de los niveles de lectoría y, si las políticas de fomento no están sesgadas ni son restrictivas con cierta clase de editores, importadores, libreros, autores, etc., entonces se conseguirá una sociedad más crítica y plural.

LG: ¿Qué pasaría si se dejaran de editar libros?
JV: Pues no creo que suceda nunca, pero si así fuera, nos las arreglaríamos para seguir escribiéndolos y leyéndolos. La lectura es una indestructible necesidad humana.

LG: ¿Qué debe saber un editor?
JV: Debe ser un lector agudo, crítico. Y debe saber que la tarea de editar, además de difícil es muy seria, porque del editor depende lo que, quizás, generaciones enteras vayan a leer o quedarse sin leer.

*Nota: Ésta es la segunda de una serie de entrevistas que espero poder realizarle a distintos editores, venezolanos y latinoamericanos. Es importante mencionar que a Jaime lo conozco gracias a este blog y que tendré la oportunidad de conocerlo personalmente en la Feria Internacional del Libro de Caracas que comenzará el 9 de noviembre.
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